por Arturo Montory G.

Esos son los términos huasos que desde tiempos inmemoriales se usaron en el campo chileno por los hacendados, criadores y jinetes huasos.

 Ese es el lenguaje tradicional, que se hablaba y se escribía por gente que vivía y vibraba con lo tradicional y lo alimentaba y difundía.

“Bueno de obra”, se referían al caballo alegre de caminar, firme, acompasado, resistente y de excelente rienda y por supuesto bueno para las vacas. Era el caballo que se lucia en las medialunas, en las “tiraduras de riendas”, en los corrales en general, reconocido por ello.

“De buen natural”, era el caballo agradable a la vista, de buena conformación, equilibrado, bien construido, apto para exposiciones.

“Acampao”, el ejemplar con marcado sello racial zoológico, acarnerado, adornado, redondo, fuerte, ágil, vivo, valiente.

“Montura de patrón”, era el ejemplar vistoso, manso, muy bien arreglado, elegante de estampa y presencia, distinguido, muy manso y tranqueador y galopador tranquilo. Ese era el término usado en la antigüedad pero a partir de fines del 1800 la Dirección de Fomento Equino, que otorgaba los grandes premios en la exposición de la Quinta Normal, exigieron cambiar el nombre a Premio “Silla de patrón”, “Silla” término de equitación de moda en Europa de la época, se decía también “caballo de silla”.

“Conjunto”, en todos los países gauchos del Cono Sur, Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina y en el Chile huaso, se le dice al jinete y su caballo que son afiatados en sus acciones deportivas y se les llamó Conjuntos, que significa que el “jinete piensa y el caballo interpreta” de inmediato, se conocen de memoria, así debe ser en el Movimiento a la Rienda y el rodeo chileno, lo en la equitación se denomina Binomio.

“Caballo chileno” así se llama el nuestro, el que se cría, arregla y se corre en rodeos, criollo es el caballo de otros países, nosotros hacemos deportes en caballos chilenos, y hoy día aparece escrito más el término criollo que el nuestro, lo que se presta a muchísimas confusiones y problemas en el futuro.

Debemos cuidar el lenguaje hablado y escrito en relación a respetar las tradiciones, de lo que ninguna institución federada se hace cargo, ahora, antes lo hizo.

“Pura raza chilena”, “raza del país”, también fueron términos usados desde siempre, para destacarla de otras que llegaron a Chile por montones a fines del 1800.

“Pellejero” era el caballo chileno de poca alcurnia que se usaba en las “carreras a la chilena”, al cual le ponían solo un cuero encima apretado por un cinchón y se subía el jinete a correrlo, por la pista o “cancha” de 200 a 300 metros de largo en recta. El Gritón daba la partida y salían a toda velocidad gritando el típico “lalalalala”.  

“Lloco”, termino cariñoso que se le daba el caballo de montura diaria, de habitual uso en el campo. 

“Apellonado”, se decía del jinete que era firme en los cueros y en la montura, que se afirmaba bien y no caía al suelo fácilmente.

“Pica, pica”, le gritan de afuera del corral al amigo jinete para que espuelee su caballo.

“Vamos, ahora”, le gritan también al jinete que va “a la mano” en la collera que corre, para que

empiece a animar su caballo en la atajada.

“Llévatelo”, le gritan también para que el jinete a la mano empiece a arrastrar el novillo frente a la atajada.

“Morisco”, se dice al caballo que se mantiene siempre flaco, que se le ven los huesos y le cuesta mucho engordar, típico del caballo bereber, lo que demuestra que este término se conservo de la Colonia. El color “moro” es del caballo tordillo renegrido, en que las rayas en su piel le quedan marcadas oscuras para siempre, parece que escribieran en ellos. Muy típico de los “marcheros” uruguayos, en la raza chilena casi ya no ven de ese especial color.