Por A.M.G.

A poco andar con el nuevo Reglamento por los años 1964 se empezó a hacer muy tedioso el piño (25 animales juntos) dentro del apiñadero, porque traía un sinfín de problemas, demoras en sacar el novillo, golpes excesivos de los caballos, los jinetes que iban a correr mas avezados los echaban encima de la collera de la  puerta y el novillo salía y por supuesto se cansaba,  lo que llevó a  "Coteco" Aguirre a inventar el sistema del Toril con dos vueltas en el apiñadero.

 

Como la exigencia de la postura fue superior a correr derechos o a la antigua, los corredores daban vueltas al revés el novillo en el apiñadero para cansarlo, y en esa forma salían con una vuelta mas sin contravenir el reglamento que las consideró hacia delante.

Para detenerlo (los ablandaban dentro golpeándolos en las tablas) se crearon castigos dentro del apiñadero y como incentivo se dio un punto bueno por la salida correcta.

Luego se empezó a abusar al hacer chocar el novillo en las puertas de salida del apiñadero, lo que el reglamento castiga como "mala intención" pero los jurados no lo cumplen.

Luego para arrear al novillo ya cansado, sacaban bajo la manta un punzón afilado para ponerlo en el anca del novillo y "ponérselo" al compañero en la atajada, al ser detectado se impusieron fuertes sanciones a dichos jinetes.

Pasando el tiempo en un Nacional  para facilitar la postura de uno de los potros sus jinetes corrieron lejos de las tablas lo que les dio un espléndido resultado como que fueron  Campeones de Chile.

De ahí para adelante empezó la exageración que en la actualidad ya tocó fondo, en que el que arrea va más adelante del que va a la mano y además atajan juntos.   

Después vino la vuelta del novillo en cualquier parte de la cancha, en evidente contravención del reglamento que habla de "la carrera debe ser continua y sin pausas" para hacerlo llegar mas despacio a la atajada lo que ahora se castiga.

Hay una flagrante mala intención, al usar los más mínimos resquicios legales que el cuerpo de jurados tarda años en resolver.

En todo deporte los participantes usan y abusan de las reglamentaciones en beneficio propio y el deber de los Estamentos encargados es velar para que el Reglamento se cumpla a cabalidad.

El capataz siempre fue la máxima autoridad dentro del corral, su palabra era ley, y el jurado tenia el deber de consultarlo si tenia dudas en alguna atajada, y hacerlo abiertamente por el micrófono, lo que tampoco se cumple.

También en los años 1970 se tuvo que regular el "largo del pelo" y el "diseño" de la manta, hoy se debiera hacer lo mismo con la forma de las monturas en que el faldón está tan exageradamente echado hacia adelante que los jinetes se sientan en la montura con las rodillas casi en el gatillo del caballo muy lejos de lo natural "el talón a la altura del hombro del jinete".