por Arturo Montory G.

 

 

 

Cuando ya hubo ganados en abundancia en Chile, durante los primeros tiempos de la Colonia comenzaron los rodeos de vacunos y en la Plaza de Armas los juntaban para marcarlos, señalarlos por cada propietario y luego seleccionarlos, los más gordos para matanza y los otros soltarlos a la reproducción. 

Luego esta faena agrícola se traslado al campo y para ello se construyeron “corrales de pirca” en las grandes haciendas de la zona central, cuyos vestigios aun se encuentran muy bien conservados en algunas haciendas y debieran ser Patrimonio Cultural del país, gestión que solo los amantes de las tradiciones pueden gestionar ante las autoridades.

Allí fue naciendo el “huaso” y el “caballo chileno de corrales”, y se fue depurando la raza caballar por su rienda, velocidad y valentía, tres pilares que construyeron al Caballo de Pura Raza Chilena, que perdura hasta la actualidad y que tanto éxito tiene en otros países en pruebas camperas.

Esto de correr una collera tras una vacuno y apretarlo contra las pircas fue motivo de gran entretención y una real fiesta campera, donde el jinete demostraba su total entrega y valentía y los caballos su calidad e “instinto resero”, lo que se hacía pegado a la pirca y en línea recta, y el arreador con picana, gritando a todo pulmón, lo que luego trasladaron a la medialuna, enfriadera o corral circular ubicado en la parte central de esas construcciones de corrales de aparta.

Por muchos años fue considerada una faena necesaria para el rodeo de la hacienda, pero los propietarios de los ganados se fueron dando cuenta que no tenía sentido ninguno y que era una “viveza de los huasos” solo con el fin de entretenerse, y lo eliminaron de la faena anual pero todos aceptaron que era un “deporte”, solo eso, una entretención huasa y así nació este deporte en 1860.

Ese círculo lo cortaron por la mitad y nació la medialuna, que se ocupaba para este nuevo deporte del rodeo, y ahí “corría la vaca” la collera por la orilla de la pirca, gritando en su persecución, sin picana el que arreaba y para señalar el lugar donde atajar colocaron una bandera, para ubicación del jinete.

En la otra mitad del círculo se ubicaba el ganado resguardado en un semicírculo por las colleras participantes y de ahí se sacaba la vaca a correr.

Todo este ambiente de fiesta lo completaban las “cantoras”, los barriles de chicha y chacolí, y muchísimo público familiar de la misma hacienda, que celebraba y gritaba muchísimo para celebrar cada corrida, por la velocidad y empuje de los caballos, arrojo de los jinetes en cada atajada.

Toda esta faena era desarrollada a una velocidad tremenda y los accidentes eran cuantiosos, de novillos, caballos y jinetes por lo cual lo reglamentaron de inmediato, tema que aun no termina.

En sus inicios ganaba la collera que era más aplaudida por el público presente, por lo cual los fallos eran discutidos y peleados por publico y jinetes, lo que tajo una mala fama al rodeo y se creó una “Comisión de Hombre Buenos” que dirimían estos fallos y eliminaban a los revoltosos y como castigo no los convidaban para otro rodeo y otros hombre sabios criadores y jinetes con experiencia vaquera dictaron reglas para evitar tanto accidente.

En otras palabras la “Comisión de Disciplina” nació junto con el deporte del rodeo y es piedra angular en su mantención en el tiempo.   

Así llego 1911 y se efectuó un rodeo en la ciudad de Victoria que se llamo “El gran rodeo de todos Tiempos”, luego Concepción hacia grandes fiestas vaquera, Chillan, Talca, San Fernando, Rancagua, Santiago, Valparaíso, La Serena, Ovalle, en fin se fue expandiendo por todo el país.

En 1936 la SNA crea el rodeo de la Quinta Normal con motivo de la Exposición Ganadera e Industrial, que tenia la equivalencia de un campeonato nacional.

En 1948 la ciudad de Rancagua efectúa un Rodeo Nacional de ensayo y en abril de 1949 se inicia el Campeonato Nacional, y en pocos días más se corre el número 68° y en Rancagua.

Son al menos 350 años de rodeos, lo sin duda inculco a hombres y mujeres del campo chileno, que con el tiempo, la mayoría emigraron a la ciudades, este gran cariño y amor por esta faena campera típica nuestra, y luego deporte, que ha sido tan fuerte que en este siglo XXI crece y crece su afición, sin vislumbrar aun su techo, es increíble.

También es gracias al rodeo que se conserva el caballo chileno de pura raza, y las más ricas tradiciones del campo chileno, música, tenida, artesanía.

Este deporte nacional dirigido por la Federación del Rodeo Chileno, que es una institución fuerte, organizada, pujante, visionaria, tratando de sortear con éxito un mundo moderno, conectado por las “redes sociales” y exigente de todo, por lo cual a olvidar las nimiedades y apoyar lo valedero y de futuro para las nuevas generaciones de huasos por venir.

Esto es “Hacer Patria”.

Han pasado infinidad de criadores, arregladores y jinetes famosos, cuyo nombre debiera estar colocado en un mural en la medialuna Nacional de Rancagua.

Jinetes de la calidad de Celedonio “El Cheuto” Verdugo y Rodolfo Urbina de Aculeo, Ramiro Rey, Manuel, Jesús y Bartolo Bustamante, Segundo Zúñiga, Remigio Cortes, Alberto Ramírez, Alberto Marmolejo, José “Pepe” Gutiérrez, René Urzua, Julio y Ricardo de la Fuente, Pedro Juan Espinoza, Pepe Zavala, Atiliano y Santiago Urrutia, Edmundo Moller B., Abelino Mora, Mario Molina, Julio Santos, Eliseo Calderón, Ricardo “Champa” Martínez, Tito Villegas, Oscar Bustamante N., Sergio Bustamante B., Ramón Cardemil M., Gustavo “Tavin” Rey, Fernando Navarro, Fernando Barra, Santiago Angulo, y muchos otros que ya nos han dejado.

Criadores como Miguel Letelier E., Tobías Labbé, Lito Anguita A., Cesar Rozas U., Darío Pavez,

Alberto Schwalm B., Fernando Hurtado E., Alberto Echenique D., Alfonso Buchmann, Baltasar Puig B., Alberto Araya G., Germán y Jorge Mohr S., Eduardo Varela A., Emilio Lafontaine P., Leonardo García DS., Ítalo Zunino M., y tantos más.     

Entre los caballos famosos, Guante I, Codicia, Batro, Cristal I, Quebrado, Alcatraz, Patito, Cachorro, Lechón, Arozamena, Percala, Pelotera, Aceitaita, Pichicucha, Pluma, Flecha, Recacha, Mentita, Marmota, Rigor, Ñipan, El Huila, Estribo, Taco, Estribillo, Rotoso, Barranco, Bellaco, en fin, la lista es larga.

Estos nombres en general solo constituyen una “muestra de un recuerdo”.