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Por A.M.G.

Si pensamos que el rodeo solo consiste en atajar un novillo y hacer puntos para asistir al Nacional, estamos profundamente equivocados

 

El génesis de nuestro deporte nacional está indisolublemente arraigado al campo y sus costumbres  huasas, nace de una necesidad agrícola que es la recolección del ganado en la primavera para marcarlo, señalarlo, capar terneros, separar vaquillas, elegir novillos y vacas gordas para la matanza, en fin, todo lo necesario para una crianza y explotación organizada.

En los primeros tiempos del 1550 -1600-1700  la ganadería pastaba libre porque no habían cierros y se confundían los rebaños de varios propietarios.

Es conocido que para ese evento se usaba la Plaza de Armas, en un principio, que era además el lugar elegido y preciso para que sus jinetes lucieran sus cabalgaduras, su vestimenta y aperos, mostrando el mayor lujo de que su situación económica les permitía poseer. Por el contrario del ganado vacuno, los caballos de calidad permanecían cerca de sus dueños en recintos cerrados, potreros cercados de troncos y pesebreras, lo que permitía entregar una adecuada alimentación y lo más importante, adiestrar y educar sus cabalgaduras.

Con Don Pedro de Valdivia llegó de España don Juan de Cuevas, que fue el primer alcalde de Santiago, también el primer empresario agrícola, poseía encomiendas en Santiago, Valparaíso, Mendoza, Linares, lavaderos de oro, sembraba lino y con su hilo confeccionaba "jarcias" o cuerdas de cáñamo para las embarcaciones, además  ropa de lino, el famoso "sayo".

Plantó las primeras viñas y su vino lo guardaba en vasijas de greda por lo cual su falimia trajo indios orfebres de Linares y los instaló en Pomaire, lo que se mantiene actual.

Criaba y seleccionaba los mejores caballos llegados de España y muchos ya nacidos en Chile, los que en su "tambo" de Linares, la frontera en esa época, vendía a las tropas españolas que se dirigían al combate a la guerra de la Araucania, además de mercaderías, alimentos y ropa.

Este criador seleccionó de modo natural y con probanza los mejores caballos de su época,   los que traspasó a su descendencia, hijos, nietos, biznietos, que fueron destacados militares, algunos llegaron a ser generales.

Vivió hasta 1600 vivió mas de 95 años. Fue el último sobreviviente de la generación llegada con don Pedro de Valdivia de España.

Varias generaciones posteriores aparece un decendiente suyo don José de las Cuevas, criador de caballos chilenos en el 1700 y padre del famoso don Pedro de las Cuevas, criador base de la raza caballar chilena de pura sangre, en "El Parral de Doñihue", de su crianza viene el 95% de los caballos corraleros actuales.

Don Pedro no solo cultivó el caballo, sino también la usanza huasa mas pura, tenidas, sombreros, monturas, riendas, estribas, chamantos, mantas largas, razón por la cual su paso por los pueblos cuando viajaba con su tropilla,  era tan imponente que las gentes de la época salían a admirarlo a las calles por donde él pasaba y era todo un acontecimiento.

Ya en esa época se había gestado el huaso como el hombre de campo encargado de las labores ganaderas y especialmente un jinete. Huaso y caballo eran uno solo, un "conjunto" del cual uno dependía del otro.

Llama la atención a los visitantes europeos de los años 1700-1800, la calidad del jinete huaso, su valentía, coraje, y sobre todo el poder de persuasión hacia su caballo, hace mas de 300 a 400 años que los caballos chilenos se adiestran en riendas. 

 

 

Años después en 1860 se estima una fecha en que comienza  a gestarse el rodeo como deporte puro, diferente a la faena de campo, y en un círculo cerrado que se llama medialuna.   

Es creado por los huasos, hecha sus reglas por los huasos, dirigidos por los huasos, en el rodeo no existe ni un asomo de influencia extranjera, es químicamente chileno.

Con el correr del tiempo el rodeo se fue acercando a las ciudades donde se transformó en un espectáculo querido y apreciado, admirado por miles de personas a través de la historia.

El rodeo no se contaminó con las costumbres citadinas, conservó su ancestro de campo, del huaso perfectamente vestido, los aperos de uso común en las faenas de ganado, la manta se trasformó en un precioso chamanto, el sombrero de ala y antes maulino se conservó intacto, espuelas, estribas,  botas, todas de diseños autóctonos y ejercido por artesanos especializados.

Se transformó en la expresión misma del campo antiguo, de la hacienda, de sus arreos, lo que fue admirado y aceptado por el público pasando a reglamentarse y posteriormente ser el deporte nacional.

Nos atrevemos a asegurar que gracias al rodeo se conserva el caballo puro chileno, la vestimenta de huaso en forma masiva, la profesión de artesanos en monturas, espuelas, cascos, estribas, zapatos, cinturones, mantas y chamantos, riendas, frenos, todos de alta especialización y de trabajo manual.

El rodeo es tradición pura y verdadera, que subsiste en forma "anacrónica a su uso en el campo", hoy casi todo industrial-agrícola, es la vertiente que se nutren los niños y gentes que recién descubren una parte de Chile para muchos desconocida y que gusta y  admira, es increíble pero cada día ingresan mas personas al mundo corralero, cada día hay mas huasos, todo gracias al rodeo.

Su conservación en el tiempo es tarea de los huasos actuales, ellos tiene como deber entregar esa mismas costumbres chilenas a sus hijos, ellos decidirán su valor o quizás sus nietos, para ello es necesario entender todo el "universo que el rodeo encierra", que es inmensamente más grande que hacer solamente puntos para ir a Rancagua.

El día que perdamos las costumbres "acampadas" y sólo nos dediquemos "atajar", el rodeo dejará de existir, inevitablemente morirá, al no ofrecer nada atractivo, sólo violencia,  quizás vestidos de cualquier forma, con cualquier apero, en cualquier caballo,  o sea renegando de ser "huasos".

Por supuesto sería mucho más agradable correr en polera de manga corta, larga y parka en invierno,  pantalones delgados, un sombrero australiano,  zapatos livianos, espuelas  chicas, cualquier montura y riendas de suela, y un peto con  el número y publicidad, ojalá nunca lleguemos a aquello.

El rodeo es una riquísima fuente de atracción turística y de identificación país, tan apreciada en los tiempos actuales.

Cuidémoslo.