Por Arturo Montory G.

Desarrollaremos una serie de artículos sobre esta temática, de su origen a la actualidad en 2014, comenzando con este extracto escrito por Uldaricio Prado P. en 1914:

 “La Equitación árabe”:

El caballo oriental y africano en sus distintos tipos variedades han quedado en todos los países que estuvieron bajo el dominio del poder musulmán, los que emplean un sistema especial de equitación para adiestrar sus animales en los servicios de montura.  

 

Como este mismo sistema quedo implantado en España, como luego lo veremos, principalmente en el mediodía de la península entre los moros y pasó por lo tanto a los        

a los españoles del siglo XV y con los conquistadores a América.

Trato del potrillo:

El potrillo desde que nace se encuentra siempre bajo las miradas y manos de su dueño, recibe cuidados y caricias que lo hacen perfectamente manso y de buen carácter. A los seis meses comienza el destete progresivo y para impedir que siga a su madre, lo manean ya  de las manos o de las patas, con un cordel de lana suave, por encima siempre de las rodillas o de las corvas.

Una vez destetado el potrillo, sigue a su madre al potrero, donde toma un higiénico ejercicio, necesario para su crecimiento, en la tarde se recoge a los alrededores de la tienda y aquí toda la familia del dueño lo acaricia, lo habla, le da pan, harina, leche, dátiles y miel.

Desde la edad de dieciocho meses, se comienza su educación o domadura, para impedir según lo entienden los árabes “el crecimiento de la pajarilla” (el bazo) cosa muy esencial, para obtener un buen caballo de guerra, de mucho aguante y resistencia.

Para esto, se comienza por hacer que monte el potrón, un muchacho que lo lleva al potrero, con bozal de lazo o una frena muy suave. En la tarde, cuando vuelve el animal, se le ponen trabas en lugar de amarrarlo, que es la costumbre entre nosotros.

El árabe no sujeta nunca su caballo con lazo ni jáquima, porque según ellos, estos medios son causas de accidentes y de vicios, impidiéndoles además el echarse.

Las trabas son de uso constante y se colocan de pies y manos, bastante cortas para no falsear los aplomos e impedir el encabestramiento.

Aun en pleno potrero, el animal se encuentra trabado, algunas veces de un pie y de la mano del mismo lado, para que cuando paste, su lomo se encuentre siempre derecho.

A la edad de 24 meses, el potrón se comienza a enriendar y a ensillar, pero con grandes precauciones, colocándole un freno muy liviano, en que el bocado se forra con lana bruta, para no lastimar los asientos y para que el animal, lo tome sin dificultad, esta lana se empapa en salmuera.

Se considera el animal acostumbrado a la brida, cuando se le ve tascar el freno.

Estos ejercicios se renuevan mañana y tarde hasta el comienzo del otoño, época elegida para la verdadera domadura y adiestramiento del potrón. De esta manera se llega a la edad de treinta meses, acostumbrándole gradualmente a que reciba las acciones de la traba, de la brida y de la silla.

La alimentación que el animal recibe durante este tiempo, es rigurosamente medida.

Un jinete lo monta con sumo cuidado, sin espuelas, dirigiéndolo con un freno muy liviano y una varilla. El árabe conduce el potrón desde sus primeros pasos ensillado, con mucha suavidad y animándole en voz baja, con cierto lenguaje especial, sin enojos, evitando siempre toda maniobra brusca y particularmente los tirones de hocico.

Al mismo tiempo, se enseña al caballo nuevo, la quietud y la docilidad, cuando su jinete se monta o bien se desmonta, dejándole las riendas que arrastren por el suelo. En este último caso, sobretodo, si su dueño se aleja, no debe moverse un paso del punto que lo han dejado, aunque espere días enteros.

Entre los tres y cuatro años, periodo del arreglo o adiestramiento, el caballo comienza a ser muy bien alimentado, para que resista los trabajos y ejercicios graduales a que se le somete; ya entonces se le monta con espuelas acostumbrándolo al ruido de las armas y los estampidos de los fusiles. Para obtener estos resultados el árabe mantiene siempre al caballo con el contacto de sus espuelas, que son agudos acicates, lijeramente doblados o algo romos en las puntas, que producen desgarramientos continuos al animal. La espuelas según los árabes mejoran en un cuarto la calidad del jinete y aumenta a un tercio el vigor y la bondad del caballo, lo que una gran verdad.

El jinete árabe se afirma bastante en la silla, estribando muy corto y con cualquier movimiento de sus piernas alcanza a clavar el caballo por el excesivo largo de las espuelas”.

 

Arreglo del caballo árabe y sus ejercicios de guerra.

 -El FEUZZÁ A: Arrancar sobre parado.

 -EL KYAMA:   La entrada de pies, al lanzarlo de carrera contra un muro.

 -EL LOTEMA:  La revuelta, volver bruscamente a las dos manos, cuando el jinete ha                                            

  disparado el fusil.

 -EL DEYERI: La carrera que se ejecuta rápidamente en distancias cortas y sobre terreno               

  plano, muchas veces se ejercita la emulación, cotejando con otro caballo reconocidamente bueno. 

 -EL TENEQUIZE: El salto de obstáculos, aunque los árabes dan una importancia relativa

 a estas proezas, sin embargo desean que su caballo salte las piedras, zanjas u obstáculos que encuentre en su carrera y que sobretodo pueda trepar las pendientes más escarpadas.

 -EL NECHACA: La defensa, enseñando al caballo precipitarse contra el enemigo, trepándose sobre el   caballo del contrario para morderlo como también a su jinete.

 -EL ENTRABE: El caracoleo, en que el animal camina parado sobre sus patas.

 -EILGEZETEÁ A:El corcovo que hace el caballo sobre sus cuatro remos, mientras u jinete lanza al aire el fusil que recoge con habilidad.

 -EL BERRAKA: El arrodillarse.