Escrito por José Tagle Ruiz en 1959.

Segunda parte.

 En el año 1959 la Asociación de Criadores de Caballares le encarga a don José Tagle Ruiz escribir sobre el “Arreglo del caballo a la chilena”.

Continúa don José, ahora sobre la Doma:

“Es a mi juicio, acostumbrarlo a soportar y conducir el peso del jinete, la buena colocación de la montura y la postura de las riendas que deben conducirlo, de manera a que el chúcaro extrañe lo menos posible , teniendo siempre en cuenta que éste solo pondrá defensa y resistencia en la medida que haga uso de su instinto de conservación.

 

Arreglar un caballo, lo defino como educarlo para hacerlo más útil, más cómodo, de mayor valor y más agradable para las faenas del campo en sus distintas  denominaciones, sean estas de trabajo o deportivas.         

Caballo de patrón, de vacas, de campo, corriente, etc. son los nombres que reciben según se les destine una vez terminado el arreglo. Debo aclarar que en todos estos caballos el arreglo es el mismo, influyendo este, junto con la calidad, estampa mansedumbre y bondad en su lección definitiva.

Ahora sería interesante determinar cuando comienzan los primeros pasos y así primeras acciones  en la doma del animal. Generalmente, esta comienza una vez que el animal ha cumplido los tres años y muchas veces se ha pillado para marcarlo. En este caso, no sería exagerado decir que desde ese momento –el de la doma- es el comienzo de un sufrimiento o el comienzo de una aventura o de un fracaso.

Es dable y lógico suponer que en esas condiciones, se pretende domar una fiera y no un caballo; que tanto éste como el domador van expuestos a los peligros más inminentes y fatales; no siendo invención el afirmar que, en muchas oportunidades, esta fiera deberá atacar para defenderse.   Maltratado, adolorido y agotado comienza el pobre bruto la misión de servir y ser útil a su dueño.  

Por estas consideraciones, estimo que estos primeros pasos en la mansedumbre del animal, deben comenzar al mes de nacido el potrillo (hoy elegantemente se llama imprinting o impronta, y muchos  creen que fue descubierto muy lejos de Chile); que fácil a esa edad, ambientarlo poco a poco, a lo que yo llamaría en un medio de mansedumbre.

Enjaquimarlo cuando su resistencia natural es mínima y desaparece a la tercera o cuarta vez de efectuada; atarlo al lado de la madre y acariciarlo; pasarle una escoba liviana para quitarle las cosquillas, enseñarlo a cabrestear, y tantos detalles más, los que en conjunto, y ejecutados con prudencia y mucha paciencia, aseguran el éxito de la doma, del arreglo y la vida misma del animal.    

Comprendo perfectamente que en muchos casos, esta opinión o apreciación mía seria impracticable; escasez o mala calidad del personal, mala calidad de los caballos o grandes manadas; pero en un criadero de antecedentes y tradición, lo estimo como algo indispensable, incluso como precaución valiosa, observación oportuna y entretención  provechosa.

Perfectamente, en estos primeros pasos de mansedumbre, fácil es preveer su docilidad, su tradición, su temperamento y su energía. En otras palabras, es el comienzo de una oportuna selección, única forma de mejorar un criadero.                                

“En todos los casos, dice el profesor Dechambre, en que es preciso efectuar una completa apreciación, determinando el valor de un reproductor, un espacioso lugar se reserva siempre, a la ascendencia y a su genealogía”.

Es necesario arreglar cascos y corregir defectos de conformación, lo que es posible en esta época de desarrollo. 

Personalmente puede o asegurar que el 90% de los potrillos que críe en estas condiciones llegaron a la doma sin corcovear y a las cuatro o cinco ensilladas los tomó el arreglador.

Desde la primera ensillada, durante la doma, evitemos en lo posible apretar muy fuerte las barrigueras.

Soy un convencido que la gordura es el peor enemigo del caballo en todos los servicios a que se le destine.

Con respecto al tiempo que tardará el domador en entregar su potrón al arreglador, es bastante elástico. En los animales criados en medio de mansedumbre lo hará en tiempo corto. En los que se han enlazado muy pocas veces dependerá de su natural.

En esta etapa de la doma, cuando se puede apreciar en todo su valor el medio, en que se han criado; no sería exagerado afirmar que un animal “manoseado” y “aguachado” desde chico, llega a la doma caso seleccionado de antemano y se puede preveer su temperamento.

No olvidemos ese dicho tan razonable y efectivo que siempre hemos oído de labios de hombres de campo, muy experimentados,” caballo de potrero, tres trancos primero, caballo de corral, llegar y montar”.

El criadero Aculeo a pesar de la moda del mestizaje de principios del 1900, en que hubo que inscribir por inspección los ejemplares valiosos, para recuperar la raza pura diseminada y en los umbrales de la derrota, éste mantuvo intacta su sangre, su tradición y su abolengo; y cuando volvió el entusiasmo por nuestro caballo, los rodeos, el arreglo, si entre los que se buscaban y se compraban para este objeto, salía uno bueno, bonito, etc. la gente de campo decía: “este caballo debe ser hijo de un padrón de raza aculeguana”.

Años más tarde, cuando se rehízo la raza y se la apreció en todo su valor, se sabía y se sabe de las bondades y tradiciones de un “Guante”, pese a su poco hueso, de un “Cristal” de malos bajos, de un “Angamos” bien amarrado, etc.

Resumiendo  todas las condiciones y cualidades en que el chúcaro se entrega al arreglador son: que sea tranquilo para montar, siga la rienda, pare y ponga los pies, o sea que coloque las cuatro patas y esté tranquilo”.