Escrito por Darío Pavez Romero-1957

 Don Darío Pavez Romero, miembro de la Comunidad Darío Pavez Gaete, escribe un artículo en 1957 de gran importancia sobre su potro Quebrado, que tanto buenos hijos les dio.

Dice: “En la primavera de 1919, nació en la hacienda Aculeo un potrillo acoipado hijo de Franela y del gran potro  Cristal I.

 

Se quebró cuando pequeño y gracias a los cuidados de Custodio Bustamante se salvó. Por su defecto fue inscrito en los registros de la S.N.A. con el nombre de “Quebrado”.

A los tres años fue amansado por Rosamel Romero; más tarde lo tomó el “arreglador” Rómulo Gallegos, huaso fornido de más de 100 kilos de peso, quien lo dejó avanzado en el arreglo. Pero fue Rosamel Romero quien lo iniciara en las “corridas de vacas”, viéndosele desde el primer momento de sobresalientes aptitudes, de un temperamento extraordinario, como que a pesar de su pata fracturada, era veloz y de una valentía poco común.

Como caballo de montura, era de muy buen andar, gran firmeza de lomo y cierta elegancia en su aire. Al montarlo daba la impresión de ser un caballo de gran alzada, tal era su fortaleza, don Miguel Letelier lo montó en muchas oportunidades.

En consideración a que el criadero poseía otros potros de su misma sangre, tales como Huilque y Beduino, ambos premiados en las exposiciones de Santiago, se resolvió dejar a Quebrado como reproductor al servicio de la yeguada de empleados e inquilinos, razón ésta por la que el criadero sólo le presenta tres o cuatro yeguas, de las cuales figuran dos hijas inscritas en los registros de la S.N.A.

A los rodeos de primavera que anualmente se verificaban en la hacienda, era asiduo asistente don Tobías Labbé, quien impresionado por las magnificas condiciones de Quebrado, decidió presentarle algunas yeguas de su criadero “Las Pataguas” de las cuales obtuvo seis hijos que con el andar del tiempo fueron sobresalientes animales de corrales.

En uno de estos rodeos estuvo presente don Darío Pavez Gaete, quien tuvo oportunidad de ver correr a Quebrado, del que ya tenía espléndidas referencias.  

Por supuesto que su físico no le fue nada de atractivo, sobre todo que estaba lejos de encontrase en su mejor estado, pero sus condiciones de bondad le parecieron tan extraordinarias que no dudó un instante de tratar de adquirirlo.

Al día siguiente se formalizaba su compra y horas más tarde estaba acomodado en una buena pesebrera en el fundo “Las Camelias” de Hospital.

Poco tiempo después actuaba en la mayoría de los rodeos que se efectuaban en la zona central del país, con un éxito tan singular que hasta hoy se recuerdan sus grandes y lucidas actuaciones.

Fue ganador de numerosos premios y Champion, siendo digno de especial mención el que se adjudicara tan brillantemente en el rodeo de Rancagua de 1934, en que en un final reñidísimo se produjera un triple empate entre las colleras  formadas por las espléndidas yeguas cuculíes “Quingua” y “Viajera” de propiedad de don Pedro Juan Espinoza, otra de don Ignacio Goycolea en que actuaba el buen potro “Retintín” y la de don Darío Pavez G. formada por los potros “Quebrado” y “Albergado”.

Las corridas efectuadas fueron sensacionales, sobresaliendo la actuación de Quebrado, que hizo atajadas realmente sorprendentes.

Era Quebrado, un caballo que necesitaba especial serenidad de su jinete, jamás aceptó el castigo de las espuelas, se empleaba por temperamento, virtud ésta que habían de heredar más tarde la mayoría de sus hijos. A no mediar la falla de su pata, lo que ocurrió en muchas ocasiones, habría sido ganador de muchos premios más de los que obtuvo. Rosamel Romero y Guillermo Ibarra fueron los jinetes que mejor lo corrieron.

Si como animal de obra es interesante la vida de Quebrado, mucho más lo es desde el punto de vista de reproductor.

Es hijo de Cristal I por Guante II y Mezcla; su madre Franela era hija de Alfil II (Angamos) y Tesonera hija de Tintero por Guante I y Vicuña por Guante I. Por su línea paterna, Cristal I fue el único reproductor que quedara de la familia Guante I, y como ya es sabido, sus hijos tanto “inscritos” como “no inscritos”, fueron entre los mejores que actuaban tanto en las exposiciones como rodeos.

Huilque, Beduino, Enchufe, Tani, Espejo, Negocio y Quebrado son tal vez los hijos de Cristal I que se reprodujeron con más éxito, a través de los cuales se ha conservado la sangre de Guante I hasta nuestros días. 

Por su línea materna, Franela era baya, marcada con el Nº 235, perteneció al grupo de yeguas que el criadero Aculeo destinara sólo para la reproducción, en consideración a sus antecedentes, las que ni siquiera se amansaron y que para su mejor filiación fueron numeradas.

Tesonera, abuela materna de Quebrado, es de notable origen; su madre Vicuña I, fue catalogada como una de las mejores yeguas de su época, de tal modo que ha sido considerada con Cristal I como ramas perpetuadoras de la sangre de Guante I.

Ahora bien, si consideramos que el padre de Tesonera, el potro Tintero, también era hijo de Guante I, debemos llegar a la conclusión que este fuerte inbreeding, ha sido beneficioso para los efectos de acentuar las extraordinarias condiciones de que era poseedora esa rama de nuestra raza.  

Mucho se ha escrito y se ha opinado sobre las conveniencias e inconveniencias del inbreeding o lo que se ha llamado alto “dossage" de sangres, pero cabe preguntarse.

¿No ha sido el producto de sucesivos inbreeding el perfeccionamiento de las razas más antiguas y completas que la nuestra?.

De los antecedentes expuestos se deduce que Quebrado ha sido el reproductor más representativo de la familia Guante I y el que haya sido tan trasmisor de sus condiciones o gran ligador como se dice vulgarmente, bien pueda ser que se deba al alto dossage de sangre de Guante I, porque la verdad es que dio muy buenos hijos en madres de modestísimas aptitudes.

Por otra parte si nos atenemos al Stud Book de nuestra raza, son muy pocos los potros que han actuado en los últimos 40 años, y que siendo considerados como pilares de la raza, presenten una línea tan esclarecida  de antepasados como Quebrado, ya que muchos, si apenas se consigna el lugar de nacimiento de sus madres y bien sabido es que la madre de un reproductor de cualquier especie o raza debe contar con buenos y claros antecedentes sanguíneos.