Por Luis P Valdés Strauch 

“La selección funcional se basa fundamentalmente en el estudio del pedigree, o sea el análisis exhaustivo de los antepasados tanto en sus líneas paternas como maternas. Estudiar un pedigree no significa retener simplemente una serie de nombres que nada indican en sí mismos y que, en la mayoría de los casos, la leyenda o propaganda interesada ha desfigurado totalmente a través de los años. El estudio de los antepasados debe ser razonado y fundamentado, de los contrario no se llega a ninguna conclusión favorable.” Alberto Araya Gómez, “Selección Morfológica y Funcional”, en Revista Asociación de Criadores de Caballares, Año X, Santiago de Chile, Octubre de 1958 – N° 10.

 

INTRODUCCIÓN

No cabe duda hoy que junto a los Jefes de Raza contemporáneos Estribillo y Taco, se ubica el padrillo La Invernada Hornero, quien inició la revolución funcional en Brasil, pasando luego su sangre a propagarse inicialmente a Uruguay, y después a Argentina. Y es que su record de progenie es realmente impresionante, quizás hasta superior a sus dos compañeros, los grandes Estribillo y Taco. Para muestra, un botón: desde el comienzo del Freno de Oro en Brasil (1982) al 2004, el Hornero produjo 14 hijos Freno de Oro, 12 hijos Freno de Plata, y 15 hijos Freno de Bronce (desde el año 1993 compiten por separado machos y hembras). Adicionalmente, ha producido desde el año 1982 más de 12 Grandes Campeones morfológicos en la exposición más importante de Brasil, la Expointer en Esteio. No en vano, Hornero es hoy con mucha diferencia de puntaje el número uno en el Registro de Méritos de la Associacao Brasileira de Criadores de Cavalos Crioulos (ABCCC).

A diferencia, sin embargo, de sus compañeros Estribillo y Taco, y quizás porque su actuación como reproductor no fue en Chile, no existen hoy publicaciones que nos permitan conjeturar de dónde le viene la calidad al gran tordillo. Frente a esta carencia de estudios de antecedentes, nos interesa aunque sea dar un primer paso para aprender más de sus antecesores. Nos gustaría entender cuáles fueron las sangres que aportaron bondad morfológica y “de obra”, y en definitiva, si la prepotencia hereditaria del Hornero responde a la casualidad o al tino de su criador, Don Alberto Araya Gómez, al combinar las sangres antiguas por él bien conocidas y usadas extensamente (a pesar de no haber criado a ninguno de sus antecesores directos). Ojalá sea este un trabajo que motive en otros criadores mayores y más profundos estudios sobre el pedigree del Hornero, y sobre su progenie. Nuestra raza merece tener la mayor información posible sobre sus principales mejoradores, para incrementar la probabilidad de seguir produciéndolos. Además, conociéndolo más profundamente,  estaremos haciendo justicia al tordillo, estudiándolo y valorándolo tanto como a sus contemporáneos Jefes de Raza en Chile. Por último, estaremos haciendo honor a su brillante criador y a quienes en forma tan revolucionaria lo utilizaron para el bien de nuestra raza.    

El pedigree de La Invernada Hornero  Relaciones - Consanguinidad

En repetidas veces hemos escuchado afirmaciones que lo bueno del Hornero viene por su madre, la Nutria II. Y realmente es una afirmación que tiene cierto sustento en la estadística de sus parientes directos. En efecto, esta gran yegua tiene una familia incuestionablemente exitosa en la función. Matucho, su hermano entero, fue Campeón de Rodeo en Chile, en el año  1965. Otra hermana entera, la gran Percala, fue Campeona chilena de Rodeo en 1967, además dejando un reproductor fundamental en la raza, el Bellaco (en Taco). La propia Nutria II ha producido además del Hornero otros reproductores de trascendente actuación en Brasil y Argentina, como el Encomendero (en Aniversario) y el Despejado (en Arrebol). También en Chile quedaron muy valoradas madres hija de la Nutria II: la Llorona (en El Tutito) y  la Cabrería (en Aniversario).

 

Sin embargo, por más que la estadística nos permita este tipo de afirmaciones, debemos recordar que el 50% de la información genética de la nueva generación la aporta la madre, y 50% el padre. Habiendo dicho esto, también es interesante destacar que la  madre del Arrebol, la Nochebuena, es 7/8 hermana de la  Nutria II, al ser ambas hijas del Coirón III, en madres hijas de Madrigal a su vez en madres hijas del Beduino 2.  Adicionalmente, el padre del Arrebol, el Vástago, aporta muchas de las mismas sangres que la Nochebuena y la Nutria II. En otras palabras, estamos frente a un pedigree de alta consanguinidad.

Interesante resulta el hecho que don Alberto Araya, cuyos primeros productos de su crianza datan de los años treinta,  no crió a ninguno de los antecesores directos del Hornero, viniendo tanto la Nutria II como los dos progenitores del Arrebol (que fue criado por el hermano de don Alberto, Fernando Araya Gómez), directamente de Aculeo. Probablemente, Don Alberto buscaba algo de este cruzamiento: un “Aculeguano” puro. Y  precisamente eso es el pedigree del Hornero: una concentración de las líneas que dieron al criadero Aculeo su protagonismo en la recuperación de la raza criolla chilena, allá por los albores del siglo XX. Dada la trascendencia de sus productos en el pedigree del Hornero, nos detendremos para dar una breve reseña del criadero Aculeo de aquellos  años, y de quienes le dieron la relevancia que tuvo, los hermanos Miguel y José Letelier Silva.

El Criadero Aculeo: años 1861 al 1950

La Hacienda Aculeo en sus orígenes perteneció a la familia de don Patricio Larraín Gandarillas, “hidalgo de vieja cepa y conceptos tradicionales”1 caballero que se vio obligado a vender ésta entre sus muchas propiedades, apremiado por la crisis económica de entonces. Fueron sus compradores  los Sres. José y Wenceslao Letelier Sierra, y su socio don Valeriano Pinochet, en el año de 1861. Existía entonces en Aculeo una crianza caballar utilizada para proveer el servicio de la hacienda, así como numerosas yeguas utilizadas para las faenas de la trilla del trigo. Estas tropillas de yeguas trilladoras “gozaron de reputación entre los años de 1860 y 1870.”2

A la caballada existente en Aculeo al momento de su compra, se hicieron pocas y muy selectas incorporaciones de sangres extrañas. Sin dudas la más significativa es la que relatamos a continuación: en el año 1862, en la sucesión de Don Pedro de las Cuevas (en la opinión de muchos el sabio supremo de la crianza de criollos en Chile), se adquieren 14 yeguas tordillas, “de gran clase y cuya reproducción significó un notorio progreso para el criadero”3. Algunas de estas yeguas fueron troncos origen de familias celebradas, como la Mezcla (ex Copa), y la Anchoa, ambas presentes en el pedigree del Hornero. La figura 1 muestra una foto de la yegua  Mezcla, hija de una de estas yeguas “cuevanas”, que vivió hasta los primeros años del siglo XX.  Mezcla, cuya belleza la llevó a ser considerada  como representativa del ideal de la raza, fue estimada como la mejor reproductora de Aculeo.  Fue la madre de Cristal I y Bureo, reproductores ambos antecesores de Hornero, el primero dejando nada menos que al gran Quebrado.

A la muerte del Sr José Letelier Sierra, en marzo de 1891, sucede un período de decaimiento de la raza en Aculeo, concomitante con el mestizaje con todo tipo de razas foráneas, como percherón, Cleveland, y sangre inglesa de carrera, realidad prevalente en casi todo Chile. Don Miguel Letelier relata esta época con las siguientes palabras:

“En 1894 fue introducido a Aculeo un mestizo  media sangre de raza del tipo pesado inglés. Actuó hasta 1899, año en que fue eliminado. Pero en esos años actuaron principalmente los reproductores chilenos puros que había dejado mi padre.

En 1899, mi hermano José inició  la reorganización del criadero; separó y vendió en la feria las yeguas madres hijas del potro mestizo, seleccionó con escrupulosa minuciosidad las yeguas antiguas, puras y fueron las únicas que quedaron en el criadero, individualizadas con un número a fuego en el anca. Así quedó un número de 127 yeguas madres de primera clase, de las que conviene recordar la N° 18 y la N° 38, descendientes de las yeguas cuevanas de que hemos hablado más arriba; también, de las mismas son la  “Copa” (o Mezcla), origen de las castas más afamadas en el futuro, madre de “Cristal I”, “Bureo” y “Angamos II”; la N° 3, madre de “Muselina” y “Lúcuma”, abuela de “Baratija”, antecesora de “Madrigal” y “Birlonga II”.4 (Nótese que a excepción de Angamos II, Muselina y Birlonga II, todos esos caballos forman parte del pedigree del Hornero).

A comienzos del siglo XX, se hacía necesario un refresco de sangres en Aculeo, y José Letelier Espínola se puso a un buscar un reproductor, encontrando uno “de su agrado, de gran pureza de sangres y de formas del todo satisfactorias”5. Dicho caballo era de don Alberto Correa, el Angamos I, de origen pichideguano. Resultó posteriormente un caballo con una gran prepotencia hereditaria, fue fundador de una de las más importantes familias en la raza, y produjo un importante avance zootécnico en la época. Una buena descripción de las cualidades del Angamos, la encontramos en el libro “El Caballo Chileno” de Don Uldaricio Prado (Santiago, 1914), del cual se extracta un párrafo de la página 763:

“Según datos que nos han comunicado sus dueños, los señores Miguel y José Letelier, “Angamos” fue uno de los reproductores criollos, que ha dejado, en el Criadero, las más profundas y benéficas huellas: su estatura era mediana, tal vez un poco baja, pero a la corrección y distinción de sus líneas, su armoniosa musculatura, que fielmente se transmitía a sus hijos, se unía lo más apreciable, en un generador de su raza, de imprimirles, sin excepción, su probada bondad de temperamento, manifestada por una sensibilidad a toda prueba, junto con una inteligencia poco común, que les permite en poco tiempo, aprender todo cuanto pueda exigir, a un caballo, la equitación chilena. Son reconocidos, actualmente, los productos de “Angamos” como los mejores animales, para todo trabajo de campo.

Este buen producto, conservó su vigor hasta una edad avanzada... muriendo a consecuencia de un accidente, el 31 de Enero de 1907, de 31 años de edad aproximadamente, hasta sus últimos días, no había pirca ni valla que lo sujetara y dejó felizmente, varias yeguas llenas, que 10 meses después de su muerte, pudieron nacer sus postreros hijos.”    

En el primer tomo del Stud Book de la Raza Chilena (Sociedad Nacional de Agricultura, Chile, 1937, página 18) vemos la siguiente descripción “colorado obscuro, escudo y raya inclinada en la frente, mano izquierda y dos patas blancas; por Alfil I N° XVII y la China II, hija del Chino Viejo N° XV y de China I comprada a Don Pedro de las Cuevas, nacida hacia 1878. Se reprodujo en Criadero Miraflores de Don Alberto Correa y en Aculeo, donde murió en enero de 1908 (sic)”

Con ligeras diferencias en cuanto a sus señas,  Miguel Letelier Espínola lo describe de la siguiente manera: “de pelaje colorado, cariblanco, una pata y una mano blancas; medía no más de 1,41 m; nudos, tendones y aplomos perfectos. Muy fuerte del cuarto trasero, visto de costado, ligeramente angosto mirado de la parte posterior; sin embargo, sus costillas eran largas, descendidas y de buen arqueo; muy buena paleta y de gran distinción. Pero su nota más saliente era su prepotencia hereditaria... La llegada de Angamos inicia la era de apogeo de Aculeo. Angamos, desde que llegó a Aculeo, engendró un crecido número de potros, que han sido la base de la resurrección de la raza Alicanto, Arrebol, Eclipse, Cristal II y sobre todo Alfil II, el gran padre del criadero Aculeo”.6

Así, tras esta breve reseña del Aculeo antiguo (anterior a 1860) y del “moderno” (1899 a 1950), llegamos a los cimientos que conforman el pedigree del Hornero, que como hemos visto, son los que fuertemente influyeron a la recuperación de una raza cuya pureza y subsistencia estuvo en peligro a fines del siglo XIX.

Finalizamos esta reseña que nos trajo hasta el Angamos I con una nota curiosa: la primera (y única creemos) foto publicada del padrillo Angamos I se encuentra en la Revista 1974 de la Federación de Rodeo/ Asociación de Criadores de Caballares Chilenos, en la página 19 (Figura 2).Angamos 1

 

 

 

Dicha foto fue proporcionada por Don Alberto Araya Gómez, quien la ubicó en la colección de nadie menos que el  Dr Emilio Solanet. En el texto que acompaña la fotografía de dicha publicación, leemos: “ANGAMOS I es sin discusión el potro que más ha influido en la modernización del caballo chileno. Sin variar su sello, modelado en fuerza, estilizó su morfología, lo hizo más monturero. ANGAMOS alivianó el tren delantero; mantuvo el perfil de tendencia acarnerado pero acortó las cabezas y descargó de peso exagerado los cuellos; alargó e inclinó las paletas y perfiló las cruces. Sus músculos siendo muy fuertes fueron más longíneos (sic) que el común de la raza.”

¡Es impresionante constatar la vigencia de los comentarios sobre lo que se destacaba y se buscó al reproducir este padrillo, nacido hace 127 años!

Familias y reproductores que conforman el pedigree de La Invernada Hornero

El Angamos y sus hijos directos

Conocido ya el criadero origen de los antecesores directos del Hornero, y sabido el papel que el Angamos jugó como base del criadero Aculeo, no caben dudas que Hornero es un fiel representante de la familia Angamos. No sólo desciende en casi todas sus líneas de este Fundador de Familia, sino que heredó toda su prepotencia hereditaria. Angamos transmitió su caudal genético a Hornero, a través de sus descendientes directos  Alfil II,  Azahar I,  Arrebol, Cóndor I, Lúcuma y Anchoa. 

Sobre Alfil II, abundaremos más adelante, porque es probablemente el que más influyó sobre la genealogía del Hornero. Respecto a los demás hijos de Angamos que aportaron a la genética del tordillo, a continuación haremos una breve reseña:

Arrebol: Nació en Aculeo en 1908, de pelo zaino (mulato en Chile), y según Miguel Letelier fue eximio corralero. Aporta sus genes al Hornero a través de líneas maternas, mediante sus hijas Hojarasca y Brecha, la primera madre de Noria y Jaita, y la segunda madre de Mapola, que es a su vez madre de la Hiena, abuela paterna del Tren Tren Arrebol. La yegua Noria, cuya foto adjuntamos (figura 3), fue considerada como una de las más hermosas y completas criadas en Aculeo, y es la madre del Veguero, bisabuelo paterno del Tren Tren Arrebol.

La yegua Jaita, hermana entera de la Noria, es la madre de Azahar II, también bisabuelo paterno del Tren Tren Arrebol. Resulta fácil, pues, deducir la fuente de inspiración del Sr. Fernando Araya Gómez, criador del Arrebol “moderno”, al bautizar a su producto.

Cóndor I: Nacido en 1902, en el criadero Miraflores, de Alberto Correa, alazán, estrella, cuatro patas blancas. Un inbreeding en Angamos, al ser su madre Lluvia hija de Angamos. Cóndor I dio a Chinche, quien a su vez produjo a Licorera, la madre de Estuco 2, abuelo paterno del Tren Tren Arrebol. En la producción del Cóndor I destacamos al Haragán, abuelo de la gran Torhuela, yegua base de don Alberto Araya en La Invernada.

Lúcuma: Distinguida hija de Angamos  en la Olivana N° 3, esta última una de las yeguas  compradas por los Sres Letelier en 1862, a la sucesión de don Pedro de Las Cuevas. Lúcuma produjo una yegua de excepción, como fue la Baratija, madre de Madrigal, que aporta sus genes a través de sus hijos Veguero, bisabuelo paterno del Tren Tren Arrebol, Sanción (abuela materna del Hornero) y Tajada (abuela materna del Tren Tren Arrebol).  

Anchoa: Otra de las distinguidas hijas de Angamos, en la yegua 17 de Aculeo, de origen cuevano. Como todas las hijas de Angamos, notables por su docilidad, su belleza, su gran velocidad y su energía como corraleras. Anchoa produjo a la Jerguilla, una de las más completas de Aculeo,  en el Bureo (hijo del Africano en la Mezcla). La Jerguilla es madre de la yegua Guarda, que al ser a su vez madre de Coirón III y de Sanción, tiene un aporte importante  por línea paterna (Nochebuena) y materna (Nutria II) al Hornero.

Otras sangres que aportaron al pedigree del Hornero

Como era lógico para la etapa de recuperación de la raza que se vivía, en los primeros años del siglo XX el Criadero Aculeo usó pocos reproductores y en forma bastante concentrada, a efectos de fijar los caracteres buscados por sus inteligentes orientadores. Por ende, sus productos eran combinaciones de primordialmente tres familias: la ya mencionada Angamos, la familia Guante a través del padrillo Cristal I ( figura 4), y la familia Africano, -caballo este último usado principalmente por su morfología- a través su hijo el padrillo Bureo. Casualmente, ambos reproductores Cristal I y Bureo, vienen de la preciosa yegua ya descrita y cuya foto se adjunta, la Mezcla.

Cristal I: Por Guante II y Mezcla, fue un Jefe de Familia por su impresionante producción corralera. Produjo entre otros al Jefe de Raza Quebrado, tronco origen de la familia de Estribillo y Taco, al Enchufe, entre muchos otros excelentes “de corrales”. Aporta al Hornero a través de su hijo Beduino 2 (en yegua N° 10), padre de Guarda (en Jerguilla), yegua que se repite como abuela paterna de la Nochebuena (madre del Tren Tren Arrebol) y como doble abuela de la Nutria II.

Si bien el Cristal I es indiscutible, existieron dudas acerca de algunas madres que se le presentaron para a la reproducción. En el caso del Beduino 2, resulta interesante un comentario del prestigioso criador don Hernán Anguita Guajardo, en la Revista 1965 de la Asociación de Criadores de Caballares (página 26), refiriéndose a algunas cruzas, entre ellas la que originó al Beduino 2:   

“Se había conseguido así, plenamente, el objetivo de mejoramiento morfológico. Mas, en el aspecto moral el resultado puede considerarse un fracaso. Ninguno de ellos se acercó a la altura de las cualidades de obra, sello y excelencia de sus padres y las respectivas descendencias, a su vez, acusaron también la declinación.”

Por ende cabría teorizar que el aporte de bondad, probablemente viene por la línea materna de la Guarda... la Jerguilla, que es Bureo (Africano x Mezcla) x Anchoa (Angamos x 17), madre e hija de las yeguas más destacadas de Aculeo.

Bureo: Nacido en Aculeo en 1908, zaino oscuro de gran distinción, como se aprecia en la foto (figura 5). Fue “Champion” en Exposición en 1911. En palabras de don Miguel Letelier Espínola, junto con sus contemporáneos Alicanto, Alfil II y Arrebol, fue eximio corralero y muy celebrado. Sin embargo, su descendencia directa no tiene la trascendencia que tuvo el Alfil II.   Bureo

A propósito de los padrillos Bureo y Alfil II, existe una disfrutable anécdota publicada en 1966 sobre un punto en común entre estos padrillos7. Resulta que recorriendo el potrero de las yeguas en parición, don Miguel Letelier y su hermano José, divisaron dos yeguas recién paridas de la noche anterior. Se acercaron por el interés que tenían para ellos esas crías: las madres eran “Bandurria” y “Mezcla”, y las crías fueron más tarde “Alfil II” y “Bureo”, respectivamente. Nacieron el mismo día, y fueron después y durante muchos años la base del criadero Aculeo.

El Alfil II y su importancia en el pedigree del Hornero

Nació en 1908, en la Hacienda Aculeo. Bayo cebruno, cabos negros, manos y pata derecha blancas, pinta blanca en el hocico entre ollares. Fue dos veces “Champion” en exposiciones además de campeón de rienda en 1913. Uldaricio Prado, en su citado libro El Caballo Chileno (página 764) destaca “sus buenas cualidades de animal de silla, sobresaliendo en sus movimientos cómodos, ágiles y firmes”. De la exposición de 1912 se desprende una sustanciosa anécdota, que pinta de maravillas las características de este soberbio padrillo. El sucedido tiene origen en un criador y jurado de caballos inglés, que es llamado por la Sociedad Nacional de Agricultura de Chile, a venir desde Argentina a jurar la exposición chilena de 1912, en la raza Hackney. Este experto inglés tuvo la oportunidad de formarse una opinión del caballo criollo chileno en esa ocasión, elogiosa opinión que publicó en el Livestock Journal del 20 de Diciembre de 1912, bajo el título “Chilean Horses and Hackneys”.

 

Transcribimos a continuación los comentarios de Uldaricio Prado (página 586, op. cit.) sobre esta publicación y la anécdota que la originó:

“Este claro concepto que Mr Hickling pudo formarse de nuestro caballo chileno se debe primeramente a su reconocida competencia de criador inglés y gran aficionado al caballo de silla; enseguida los exponentes que oían con tanto interés sus opiniones y consejos, le presentaron ensillado el riquísimo potro “Alfil” del criadero de “Aculeo”, que es cuanto puede desearse en un animal bueno de montura, ensillado a la chilena, en el que subió el inteligente crítico, resultó, como se comprende, que, después de haber tanteado al potro en toda clase de andaduras y escaramuzas, pudo apreciar lo que jamás en su vida de sportman y de aficionado había visto y experimentado, de lo cual se deduce el sentido elogioso y de admiración en que escribe el comienzo de su citado artículo”.

Alfil II fue arreglado por Celedonio Verdugo y además de gran caballo de rienda, fue eximio corralero. En la reproducción, Alfil II fue un legítimo Jefe de Raza. Sus hijos descollaron en las pistas morfológicas así como en corrales. Reseñamos en primer lugar aquellos que directamente influyeron sobre la genealogía del Hornero.

Azahar I: precioso padrillo bayo, que sirvió en 1930, a los 16 años, como modelo para la confección de la estatua del Standard del Caballo Chileno. Basta ver su foto (figura 7) para imaginar su desempeño morfológico aún en nuestros días. Azahar I.

Azahar I concurrió a dos exposiciones nacionales de la época, obteniendo el primer premio en sus categorías y el premio Champion en los dos años que concurrió. En Aculeo dio al padrillo Madrigal, “el reproductor más estimado en el criadero y premiado varias veces con Champion en las Exposiciones de Santiago”8. Azahar I tiene gran influencia en el pedigree de Hornero, precisamente a través de Madrigal (figura 8), quien fue padre de Veguero (bisabuelo paterno de Tren Tren Arrebol), de Tajada (abuela materna del Tren Tren Arrebol), y de Sanción (madre de la Nutria II). Madrigal produjo al gran Quicio, abuelo del conocido por todos La Invernada Aniversario. Madrigal

Curanto: Nada podríamos agregar a la apasionada descripción que el propio Miguel Letelier hace de este reproductor: “Recuerdo especialísimo entre todos los hijos de Alfil II merece Curanto, que durante más de 20 años se ha reproducido en Aculeo y en el país entero, con una fijeza, una distinción y extraordinario temperamento de sus crías, difícil de igualar... Curanto no descolló en las exposiciones en sus primeros años; sólo obtuvo segundos premios. Su conformación, musculatura fortísima, gran distinción, huesos y tendones notables, me hicieron estimarlo desde sus primeros años. Lo arregló Gregorio Morales, hasta convertirlo en el mejor corralero de su época, premiado muchas veces. Gregorio lo corrió sin freno varias veces. Era de una mansedumbre sin igual”9. Curanto transmitió sus cualidades fuertemente en el Hornero, a través de su hija Noria, madre de Veguero, bisabuelo del Tren Tren Arrebol, a través de su hija Jaita, madre del Azahar II también bisabuelo paterno del Arrebol, y sobre todo a través de su hijo Coirón III, padre de la madre y de la abuela paterna del Hornero. No entendemos necesario a esta altura profundizar sobre el hijo más destacado del Curanto, el Coirón III. Sólo recordemos que este colorado fue campeón en varias exposiciones, y produjo además de la conocida Nutria II y su descendencia, dos hijos Campeones de Rodeo en Chile (Matucho y Percala), un nieto Campeón chileno de Rodeo y reproductor de gran trascendencia como el Bellaco. Además Coirón III produjo a Damasco II, ganador del primer Champion de Movimiento a la Rienda en Chile, en 1963.

Marea: Por último, nos referimos a la yegua Marea, hija del Alfil II en la Almendra 3, yegua nacida en 1891, de pelo “tordillo canela”. Resaltamos su pelo, pues este es el comienzo conocido del linaje de tordillos que nos lleva a Hornero. Don Gustavo Letelier Silva, del criadero Las Ortigas, quien fue dueño del Estuco 2 (bisabuelo del Hornero) y del Vástago (abuelo del Hornero) a través del amigo Arturo Montory Gajardo nos proporcionó amablemente este dato.  En efecto, la línea de pelo tordillo viene de esta yegua, y sigue con su hija Marea, luego la hija de ésta, Licorera, siguiendo con su hijo Estuco 2, su hijo Vástago, su hijo el Arrebol y así a su hijo el Hornero, todos tordillos. Por las leyes genéticas de transmisión de este pelo, es fácil llegar a la conclusión que esta es la única fuente del pelo tordillo del Hornero.

Para terminar la reseña del gran Alfil II, mencionaremos su descendencia no directamente

relacionada con Hornero, pero que reafirman el padrón genético y prepotencia hereditaria de este Jefe de Raza. Entre sus hijos queremos destacar al Cosaco  (en Vicuña I por Guante), que tiene una enorme y no tan conocida importancia en los caballos corraleros actuales, al haber producido grandes madres como 1) Tertulia, madre del Comunista (gran reproductor que dio al Campeón de Chile Ñipán, a Rigor, padre de Taco, Rival, Riguroso, Guardián, etc.); 2) Arozamena, madre del Refuerzo (abuelo materno del Señuelo y tantos otros pingos); 3) Pereza, madre del Guaraní (padre del Tequila, del Pililo, Gualicho, Orgullo, y del Estribo, padre del gran Estribillo). Las hijas de Alfil II tampoco desentonaron. Por mencionar sólo dos ejemplos, nombramos a la Víbora, muy famosa en su tiempo, la mejor de Aculeo en estampa y Rodeo, y la Franela, nada menos que la madre del Quebrado, el otro gran Jefe de Raza histórico. 

CONCLUSION

La figura 10 detallada abajo resume lo que queremos ilustrar a lo largo (¡muy largo!) de este artículo. Hornero es un alto consanguíneo en Angamos. Asumiendo en forma simplificada  que cada progenitor aporta en promedio 50% de sus genes a la generación siguiente, 18,91% de los genes del Hornero provendrían de este trascendente fundador de familia. Si bien el cálculo arriba mencionado no es exactamente un índice de consanguinidad, es fácil deducir del mismo que la del Hornero supera ampliamente a la consanguinidad promedio de la familia Angamos (la más consanguínea de las chilenas)9.  Entre  los descendientes de Angamos, es Alfil II quien influye a través de más líneas sobre el Hornero. Haciendo el ejercicio arriba mencionado para el Alfil II, 20,30% de los genes del Hornero vendrían directamente de este caballo.

Por último, un dato no menor: el producto que más “sangre” contribuye al Hornero -siempre de acuerdo a nuestra simple fórmula- después de Alfil II, es la yegua Mezcla antes descrita (figura 1). Esta yegua, como se dijo, desciende de la crianza de don Pedro de las Cuevas, considerado el patriarca de la crianza en Chile. Si consideramos que las yeguas Lúcuma y Anchoa, ambas por Angamos, tienen el mismo origen materno “cuevano”, podemos concluir que la bondad del Hornero también viene de esta sobresaliente casta caballar, la más pura y antigua de Chile.

Hoy ya no tenemos al Hornero, pero sí muchos descendientes. El prolijo estudio de antecedentes, junto al tino de los inspirados criadores, nos da la posibilidad de producir muchos más Alfiles, y muchos más Horneros.

¡El guante está echado!

Agradecimientos:

Al amigo Arturo Montory Gajardo, gran investigador y conocedor de la historia de la raza criolla chilena, cuyos libros y nuestra frecuente comunicación me motivaron para acometer esta larga pero muy grata investigación.

A los criadores que fabricaron estos y muchos otros pingos que jerarquizan la raza en ámbitos como la habilidad vaquera, la resistencia y poder de recuperación, la rusticidad, la firmeza de patas y la habilidad de aprender y de no olvidar lo aprendido..., y los que los usaron para mejorar sus crianzas. Sobre todo, a aquellos que dejaron plasmadas en el papel sus ideas para el disfrute y aprendizaje de las generaciones siguientes. Ellos son, sin duda, los verdaderos referentes de la raza, estén en Uruguay, Argentina, Chile o Brasil.

Por supuesto, a mí sufrida familia, mi señora y mis 4 hijos, que además de aguantar estoicamente mis frecuentes ausencias por viajes de trabajo, me dejan robarles largas horas los fines de semana para bucear en genealogías de caballos interesantes y menesteres afines....

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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