Por A. M. G.

 Los orígenes de nuestra Raza provienen del norte de África, de la Berbería, por tanto muy distinta a los orígenes de la raza Árabe; marcada esa diferencia por el perfil facial, convexo del africano; cóncavo del árabe.

 

Dichos caballos Berberiscos llegaron en la invasión Árabe a España y formaron la base de la raza Andaluza, de los cuales junto a las jacas, llegaron con los Españoles a América; (los caballos Árabes ingresan a la Península Ibérica a fines de 1800.

A Chile los trajo Pedro de Valdivia que los criaba  en Charcas- Perú, donde poseía una Encomienda. Los primeros criadores en Chile fueron el Obispo González Marmolejo, y don Juan de Cuevas, primer Alcalde de Santiago, y antepasado de Don Pedro de las Cuevas (1770-1860.

El gobernante García Hurtado de Mendoza que estuvo en Chile  desde 1557 a 1561, era un gran equitador y practicante de los juegos y adiestramiento, la usanza de moda en Europa de la época, y trajo a Chile para su montura, caballos Andaluces, Valenzuelas y Beréber, de lo mejor.

Este gobernador fundó la plaza de armas, para efectuar los juegos ecuestres, que eran su mayor afición.

El Cabildo de Santiago en el año 1551, ordenó marcar yeguas, potrillos, potrones, y la monta de las yeguas debían hacerse con la inspección de los Albéitares, para conservar y mejorar su selección, además las yeguas de vientre debían recogerse de noche.

En el año 1717-1733, fue gobernador de Chile, Gabriel Cano y Aponte, maestro de equitación extraordinario, y formó las bases de la Escuela Ecuestre Chilena y de la Equitación Huasa, era además un osado jinete; y fino adiestrador.

El hacendado Chileno heredó de García Hurtado de Mendoza, la afición por los deportes ecuestres y aprendió a cuidar con esmero los caballos y a seleccionar los reproductores, a dar una adecuada alimentación y por supuesto  “adiestrarlos”.

Los caballos Andaluces y Castellanos llegados con los conquistadores se adaptaron al medio, y se formo la raza Chilena. El terreno seco y pedregoso, endureció sus cascos, su caminar por los cerros fortaleció su musculatura, se desarrolló su tren posterior, lo que constituyo una gimnasia funcional rigurosa y permanente, la aparta de ganado lo agilizó y obligó a educar su boca, a pisar bien y firme, a volver corto y rápido; además la trilla de trigo con yeguas sueltas, selecciono y fortaleció a las madres, que fueron base de la raza.

Así se formaron los tipos de caballos del siglo XIX, como los “Cuevanos”, “Quilamutanos”, “Principalinos”, “Choapinos”, que formaron las distintas familias, con un tipo bien definido.

En 1770 había ya criaderos establecidos y los más famosos fueron:

    “Hacienda” la Compañía de don Mateo de Toro y Zambrano

    “Calera de Tango” de don Francisco Ruiz Tagle

    “Colchagua” de don Manuel Baquedano

    “Ocoa” de don Diego Echeverría

    “San Pedro” de don Manuel Carvajal

    “Limache” de don José Sánchez Dueñas

    “Cato de Chillan” de don Lorenzo Arrau

    “El Principal” de don Ambrosio García Huidobro

    “El Parral de Doñihue” de don Pedro de las Cuevas

Registro Genealógico

En el año 1893 se abrió el registro genealógico, fundado por un grupo de visionarios criadores; se formó una comisión que se abocó al estudio de las antiguas Familias Caballares e hizo una selección de los potros nacidos desde 1835 en adelante y ordenados por familia, todos con orígenes debidamente conocidos y comprobados; de esa forma se clasificaron algunas de las siguientes familias, y los potros con sus siguientes números:

    I, Choroy, Tordillo, de familia Quilamutana, nacido en 1850

    XI, Caldeado, mulato de familia Cuévano, nacido en 1835 (Padre de Bayo León).

    XIV, El Quebrado, Colorado, nacido en 1850, familia Cuevana (Antepasado de Angamos; Base de Criadero Aculeo)

    XIX, Halcón I, mulato peseteado, familia Cuevana, nacido en 1884 (Base de los caballos de don Ernesto “Tato” Cuevas)

    XXX, Traidor I, mulato comprado por don Vicente García Huidobro, a don Pedro de las Cuevas, nacido en 1845 y fundador de la familia Principalina (Antepasado de Africano)

    XXIV, Catemino, colorado, familia Catemina de Huique, nacido en 1858

    LV, Guante I, bayo, nacido en 1862, familia Guante

    XL, Mancha, tordillo nacido en 1865, familia Cardonalina, de don Ambrosio García Huidobro (Antepasado de Contri)

A partir de los descendientes de estos potros se comenzó a inscribir en 1893 a sus continuadores.

Todas estas familias caballares de la raza Chilena, tienen descendencia hasta la actualidad, año 2003, han pasado ya de 12 a 15 generaciones.

Don Pedro de las Cuevas, el más grande criador de la raza, heredó los caballos y su afición de su padre, que venía por línea directa de don Juan de las Cuevas que llego con los conquistadores, o sea hay más de 500 años de selección, y don Pedro los adiestraba a la usanza huasa de 1700 en adelante.

Ubicación Geográfica

Chile tiene una ubicación privilegiada para poder conservar su raza, la Cordillera de los Andes, el Océano Pacifico, y el Desierto de Atacama por el norte, lo que permitió mantener su pureza y uniformar sus condiciones.

Rodeo:

Nació alrededor de 1860, a consecuencia de la necesidad de apartar los animales vacunos, de las haciendas de la época, y que los tenían que recoger de los cerros y planos, aun sin cercos, lo que obligaba a los huasos a esmerarse con sus caballos y como jinetes. Al principio arrean los animales al lado de una cerca de un corral a otro, haciendo apretar al vacuno con el caballo, lo que gustó mucho, y crearon un corral redondo, que se llamó “Medialuna”, y se ubicó dos lugares para apretar lo que “fueron las atajadas”.

El rodeo fue el gran motivo de la conservación de la raza pura, de seleccionarla y de adiestrarla.

Es un deporte muy técnico de alta exigencia ecuestre, conseguir que un caballo galope de lado, que vaya apoyado suavemente en el novillo, y que a instancia del jinete, lo arrastre y ataje a toda velocidad, es una proeza ecuestre, se requiere de un caballo de valentía, muy buena boca, rápido, fuerte, sufrido, lo que se ha logrado gracias a cientos de años de selección rigurosa y crianza adecuada.

Ninguna otra raza caballar soporta esta exigencia, razón por la cual ha sido tan estricto con su pureza, por  lo que no se debe perder jamás, por constituir un “Patrimonio Nacional”.

Docilidad

El caballo Chileno por su crianza, siempre cerca del huaso, tomado y regaloneado de pequeño, lo ha convertido en un caballo dócil, manso, exento de mañas, de mucha paciencia para estar amarrado, para viajar en camión, pasear, y cualquier faena que se emprenda, no muerde al jinete, no patea, no rompe riendas, ni monturas, y come lo que le den, buen caminador, de paso firme, no tropieza, no se asusta fácilmente, es un gran caballo de montura, de los mejores ponis del mundo (Caballo de menos de 1.50 de alzada). El Chileno puro es un caballo bajo de 1.40 de alzada, fácil de montar, especial para terrenos planos, y cerros; por su bajo centro de gravedad lo hace muy bueno para volver, sin jamás perder el equilibrio.

Mejorador

La raza Chilena por todas las condiciones expuestas, se ha convertido en mejoradora de otras razas siendo muy importante su aporte al criollo Argentino, Uruguayo y Brasilero, donde sus hijos y nietos son amplios ganadores de las exposiciones y pruebas de riendas, freno de oro.