Por A.M.G.

La tecnología en boga permite una alta eficiencia en Inseminación Artificial y Transferencia de Embriones, a la que acceden una buena cantidad de personas. Esto cambiará la forma de llevar los criaderos, no manifiesto una opinión si es para bien o para mal, pero cambiará la historia de la crianza.

 

Cada vez se pierde más la identidad del criador, cada vez se convierten más en multiplicadores de potros. Converso con muchos de ellos y su sola opción es juntar un potro campeón de Chile, al que tienen acceso de cualquier manera (amistad, pagando, inseminación), y una yegua de una familia similar, sólo juntan pedigríes, sin importar en absoluto las características del padre y de la madre, en el fondo no les interesa, solo valen los papeles y creen que por ese solo hecho serán sus productos campeones igual que sus padres, el único detalle es que al mismo tiempo 100 a 200 personas están haciendo lo mismo con lo mismos caballos.

Eso no es criar, como puede tener certeza un criador si ni siquiera ha andado nunca en la yegua madre y menos en el potro, cómo adivinar las cualidades y virtudes de cada uno, admitiendo que su producto no tendrá la enseñanza de un gran arreglador ni mucho menos, quizás tampoco la esmerada crianza de sus progenitores, no ha buscado ningún mejoramiento morfológico con la cruza, quizás aumente las deficiencias de ambos. Entonces cómo le podrá ganar a otros que hacen algo similar, imposible, lo único que se logra que grandes reproductores bajen ostensiblemente su eficiencia reproductiva al no existir ningún control sobre las madres, de sus bondades y desventajas,

Si criar se mira como un negocio igual a engordar novillos o sacar leche, o tal vez producir manzanas, estamos perdidos; criar es "amor por la raza" disfrutar de los logros y aprender de los fracasos, estar al lado de la yegua al parir y seguir el potrillo hasta la edad de su enseñanza, hacer todo lo posible por mejorar sus deficiencias morfologías y tratar de entender, afirmar o corregir su carácter.

Conversando con don Ramón Cardemil, hace muchos años atrás, me decía que un potrillo antes de los tres meses, estando al lado de su madre, ya se adivinan sus condiciones futuras, con la simple observación de un experto, y vaya que demostró don Ramón cuanto sabía.

Hay mucha razón en esto por la simple estadística de que muy rara vez un gran criadero es derrotado por sus propios productos en manos de otros jinetes, los grandes reproductores están en su criadero de origen, salvo excepciones que por razones económicas o familiares debió deshacerse de ellos.

Pienso que es mejor dejar la crianza a los que saben y pueden hacerlo en las mejores condiciones, y adquirir después sus productos ya listos para empezar su enseñanza, pero seleccionado de antemano, con esa garantía.

Promover la crianza en forma indiscriminada es un grave error y la raza pagará caro por esa aventura, si consideramos que todos los productos nacidos en el país se inscriben, sin antes haber pasado por ninguna selección.

En los demás países FICCC se inscriben recién nacidos pero se confirman a los tres años, y el que no cumple un Standard mínimo establecido, no se inscriben en forma definitiva, quedan fuera del stud book, lo que inhibe la reproducción de malos ejemplares.

Digo esto porque en la actualidad la deficiencia de los lomos de nuestros caballos, bajos, hundidos, sillones,  cuellos invertidos, y el exceso de largo de  las cuartillas, traerá la ruina de la raza en pocos años más.

 

Pregunto por esta situación a personas influyentes, lo reconocen como problema pero nada se hace al respecto, y no por falta de tiempo porque en otras manifestaciones son muy exitosos, pero de que sirve si la raza va desmejorando en la morfología. En tipo se ha mejorado muchísimo respecto a tiempos pasados, en uniformidad, pero en morfología de caballos corraleros no se ha avanzado casi nada.

La única forma seria refrendar los productos a los  tres años, y eliminar (capar) los potros que dan malas características ya probadas.

Parece duro, pero concordemos por ejemplo que si no se hubiese creado la Comisión de Disciplina en el Rodeo, éste probablemente no existiría como deporte.

Falta crear una Comisión Refrendadora de Crianza y someter a un exhaustivo examen los potrillos y potrancas a los tres años e inscribir en forma definitiva o dejarlos fuera, la raza no admite errores, los países vecinos avanzan y avanzan.

Hace 50 años atrás se corría y ganaban campeonatos nacionales en caballos no inscritos, pero como forma de afirmar y defender la raza pura se prohibió, y solo se corrió en inscritos. En su tiempo fue duro pero imagínese si no hubiera sido así, existiría la raza, no creo.                

Referente a selección de años, todos tenemos un ejemplo muy vigente de identidad de criadero.

La reciente demostración de extrema calidad del criadero Peleco que con tres colleras destacó en forma impresionante, siendo ellas  Ronaldo y Quidico, ganadores del Clasificatorio de Pemuco, Molejón y Tiqui-Taca, ganadores del Nacional Criadores y del puntaje récord desde que existe la línea de postura con 47 puntos, y Huingán y Quitralco, segundo Champion Chile.

Todos de la linea Picaporte (Quebrado-Cristal I) ?Quillacón (Cristal I-Bayo León)  sea por padres o madres, todos de una base común.

Se remonta al éxito de Atiliano y Santiago Urrutia Benavente campeones del Champion de Chile en Melipilla en 1954, montando a  Mentita y Marmota hijas de Longaviano y Maraña, propias hermanas de Raptora, yegua base de Peleco y Paicaví. Después en el Nacional de Valdivia don Chanca obtuvo el 2º,3º y 4º de Chile, con caballos de la misma crianza, y con Barranco en 1969, todos identificaban al criadero Los Tilos con los Quillacón.

Mas atrás el Quebrado fue el potro insignia del criadero Las Camelias de la Comunidad Darío Pavez; el Alcatraz del criadero Curiche de don Estanislao Anguita; el Gacho del criadero de don Tobías Labbé; el Contri de La Patagua de don Pedro Juan Espinoza; el Arrocito de Bellavista de don Alfonso Buchamann; el Huicano de don Tito Echenique de Idahue; el Cóndor y el Volador  de la crianza de don Pancho Encina en El Durazno. El Cacareo de la crianza de los Hermanos De la Fuente; el potro Corzo base de la crianza de los hermanos Edmundo, Víctor y Manuel Moller; el Colibrí y Nunca en Domingo de la crianza de don Ángel Caballero en Colin; el Ajiotista del criadero Lanalhue de don Gastón Etchepare; el Regador y Candidato de la crianza de Los Maquis de don Fernando Hurtado.

Ya en tiempos mas modernos y actuales el Estribo de la crianza de Casas de Polpaico de don Gustavo Donoso; el Estribillo de la crianza de La Amanecida de don Alberto Schwalm y Santa Isabel de don Agustín Edwards; el Refuerzo, el Taco y Bellaco  de la crianza de don Ramón Cardemil en Santa Elba; el Campesino del criadero Cachipivil de Manuel Jiménez;  El Esperando de Agua de los Campos de don Italo Zunino M.; el Remehue del criadero  Quillaycillo de Mario Díaz Piña; el Capuchino del criadero Las Callanas de Gonzalo Vial C.; El Pial y El Lechón de Lo Miranda de don Gonzalo Vial Vial;  el Custodio de la crianza de Amancay de  Rodrigo Errázuriz y criadero La Esperanza de Cesar Núñez; el Chamullo del criadero Atalaya de Pablo Diez; el Trago Largo de la crianza de Picarquin de Benjamín García Huidobro; el Fundador del criadero Codinhue de Guillermo Cardemil U.; el Reservado del criadero Santo Tomas de don Luis Iván Muñoz; el Plebiscito del criadero Claro de Luna de don José Elías Rischmawi; en fin.

 

Todos estos criaderos tienen  y mantienen una identidad propia, que los identifica con un determinado reproductor, eso es lo que hace un verdadero criador, seguir sus propias líneas y mejorarlas.

Don Alberto Schwalm dijo hace muchos años una frase que nunca olvido: "No es lo mismo ser criador que solo un simple coleccionista de pedigríes".       

Si a esta identificación se une correr sus propios caballos y ser campeones con ellos, es fantástico, y si mas encima los corre un hijo, que más se puede pedir.

Son pocos los que lo han logrado, recuerdo a Pahuacho y Ricardo Espinoza; Alberto y Enrique Schwalm; Ricardo Buschmann; Felipe y Gonzalo Urrutia; Alberto Cardemil Herrera; Felipe Jiménez;  José Manuel y Alejandro Pozo; Leonardo García; Carlos y Arno Gaedicke; ahora Gustavo Valdebenito Ewert, todos cuyos padres eran los criadores.