Fuente: Alberto Araya G.

Nº 7.301, fue comprada el año 1939 en el remate de la Exposición de Animales, en la Quinta Normal, en la suma de $1.300.--- al criadero del Sr. Kenneth Page.

 

Era hija de “Pihuelo”, Nº 1.925, procedente de la prestigiada crianza de José Tomás Cerda, y de “Tortolita II”, Nº 581, del criadero de don Félix Solar.

Por parte de su padre, venía de “El Africano”, Nº 552, y de su madre, del “Codicia”, Nº 73.

“Torhuela”, cuando se compró, a los dos años mostraba una crianza desastrosa, propia de los campos de rulo en la costa. Sin embargo, pese a su estado, tenía una atracción especial. Su cabeza era muy típica chilena, agradable y de gran moño; su cuello más bien fuerte, cruz no muy destacada, propia de la antigua casta de yeguas trilladoras; línea dorso lumbar extraordinariamente firme; grupa larga y con caída muy armónica; nalgas largas y piernas musculosas; muslos amplios y bien aplomados, muy buena cola de crines gruesos. Buenas costillas, con los encuentros angostos, pero muy descendidos. Bien aplomada, con sus rodillas y corvas muy abajo, pero de huesos y de esqueleto en general débiles, seguramente debido a su mala crianza inicial. Su pelo era bayo cuculí y su talla reducida apenas llegaba a 1.38 m. Se amansó y fue una estupenda piarera; mansa, muy firme de lomo, cómoda, buena pisadora, sin ningún resabio. En esos años no tenia arreglador y nunca se arregló ni corrió en los corrales, pero suplía todo con sus grandes disposiciones naturales. Fue mi monturera preferida.

Esta yegua fue prolífica, buena criadora y muy longeva. Murió a los 24 años. Dejó estupenda descendencia con todos los potros que se le pusieron, incluso con lo que en general no dieron bueno. Sus características las transmitía fielmente hasta en sus más mínimos detalles.

Todos sus hijos se comportaban iguales en la amansa, en el arreglo, en el campo y en los corrales.

Conservé y reproduje en “La Invernada” a “Enchufito”, Nº 11.695, hijo de “Enchufe”; a “Buenas Noches”, Nº 13.389, también del “Enchufe”; a “Purhuela”, Nº 15.259, hija de “Puestero”, Nº 11.866; a “Pepilla”, Nº 20.866, y “Codiciada”, Nº 23.534, hijas de “Granerino”, Nº 13.372; a “Cerruca”, Nº 27.653, hija de “Tilo”, Nº 9.636; y a “Pajarera”, Nº 28.383, hija de “Labrador”, Nº 22.259. Toda esta descendencia mejoró el esqueleto de su madre y conservó el sello y las cualidades morales. Nunca me desprendí, a pesar de las generosas ofertas, de ninguno de estos ejemplares, sin dejar en el criadero un descendiente directo.