por Luis Pedro Valdés Strauch (Uruguay)

 Luego de muchos años de espera, se me presenta a comienzos de este año 2014 la oportunidad de correr como jinete una de las dos yeguas que venía cuidando para la Marcha Funcional. 

 

 ¡Qué dilema! ¿Será que estoy en la edad y con la condición física? ¿Será que dispondré el tiempo para “desaparecer” 15 días para correr? Con estas y otras interrogantes que fueron en aumento a medida que se acercaba el momento de la concentración y la largada, tal vez con bastante inconsciencia a lo que me enfrentaba, empiezo un programa de acondicionamiento personal (físico y mental) que me va dando cada vez más confianza que “sí se puede”.  La última motivación que me terminó de decidir, una llamada a Diego “Pete” Landa: “buen día Pete, te quiero hacer una pregunta que quiero me contestes con toda honestidad: crees que yo puedo correr la Marcha?” La respuesta no se hizo esperar, y fue el factor final que me convenció que no era éste un desafío imposible. También tengo que confesar, tengo otros amigos marcheros a los que elegí no consultar….por miedo a que me dijeran que no era posible.

Mi primera participación como jinete no me da credenciales para dictar cátedra.  Sin embargo, tengo tres verdades irrebatibles: 1) corrí la marcha, 2) la experiencia fue INOLVIDABLE,  y 3) saqué conclusiones que me serán de mucha utilidad.

Porque José María del Campo, sacando la pata del lazo me “indicó” para escribir esta nota, lo estoy haciendo. Sin más propósito que el compartir mi experiencia e intentar entusiasmar más criadores a correr esta prueba. La más antigua, la que atrae más público, la que es emblemática de la Raza Criolla en Uruguay. Divido estas notas en tres partes: el ambiente y organización,  la dinámica de la prueba, y algunas reflexiones para criadores.

Ya al momento de llegar al Local Conventos (Agropecuaria de Melo), impresionan las instalaciones acondicionadas en forma impecable. Una Marcha con inscripciones récord  -casi 100 animales- que no implicaron la más mínima incomodidad en ningún momento de la prueba, sea la agarrada y ensillada o llegada, controles  y largada al campo. Es el primer reconocimiento que cabe hacer al eficiente equipo local al frente de la organización, en las personas de Gabriela Estradé, Martín Tafernaberry y José María del Campo. Dos equipos muy afiatados prestan un apoyo fundamental a caballos y jinetes: los veterinarios liderados por los Dres Alicia Gini y Francisco Acerenza, los herreros a cargo del Maestro Delgado. Siempre voluntarios y atentos a las necesidades de nuestros pingos.

Durante la prueba, la generalmente difícil “jefatura” de la prueba tenía todo un desafío, pues tuvo que “armarse” medio de apuro. Marcos Uriarte como Director y Mario Musto como Comisario (con ayuda del Cura Afonso), hicieron un excelente trabajo. El comentario de todos fue altamente positivo, nadie se acordó de la condición de debutantes de Marcos y Mario. No cabe sino felicitar el esfuerzo y el desempeño de alto nivel reconocido por todos los participantes. 

Párrafo aparte merece el equipo a cargo de la cocina y comedor, sin los cuales el ánimo de jinetes y acompañantes sería muy distinto. ¡Hay que dar desayuno (con churrasqueada), almuerzo y cena a más de 150 personas todos los días por 15 días, y dejar a todos conformes! Broche de oro el gran asado final, una verdadera fiesta, ejemplo de convivencia familiar alrededor de la raza.

Y ahora que menciono la convivencia familiar, no puedo evitar hablar del ambiente que se vive a diario las dos semanas de la prueba. Tanto adentro de la prueba (varios padres/ madres corriendo junto a sus hijos), como afuera (acompañantes), la prueba es sin duda el evento que más familias nuclea alrededor del caballo. Y estoy hablando de una herramienta de selección, no un evento social que nuestra raza también conoce.  Siempre hemos oído hablar que la Marcha es un evento “antimarketing”, aburrido, que nunca va a llevar gran público, que es para un grupo de locos, “e ainda mais”. Nada más lejos de lo que me tocó ver en esta edición. No sé si alguna otra prueba involucra más gente “del caballo” que la Marcha. No sé si hay eventos mucho más emocionantes para el público que las llegadas de las etapas libres…yo vibré tanto como en las definiciones del Domingo del Freno de Oro, y eso es mucho decir.

Gran destaque para la representación femenina entre los jinetes. Amazonas de lujo. A juzgar por los resultados, ya es casi es una ventaja para correr la Marcha. Por segunda vez la ganadora en Mayores es una mujer, y qué notable conducción la de Fernanda Isasti. En Menores, otra excelente jinete, casi una niña que corre como los grandes, Valentina Paiva fue segunda en Menores. ¡Y cada vez hay más que corren toda la Marcha! 

Reflexiones de criador, como es de imaginar surgen muchas. ¡Son tantas horas arriba del caballo, con tan buena compañía! Conversaciones que denotan variadas opiniones sobre cómo se corre una marcha, cómo se prepara para la misma, líneas de sangre, criterios de selección, tantos etcéteras. Las siguientes son algunas de las obviedades (y otras no tanto) que constatamos “de adentro”.

A esta altura pareciera redundante, pero no se puede hablar de la Marcha sin mencionar la fantástica influencia de las sangres uruguayas, especialmente de La Invernada. Las yeguas “libres de La Invernada”  no llegaron al 10% de todas las que largaron. Fueron exactamente nueve animales de un total de noventa y seis. Siete de estas yeguas completaron, siendo 5 Finalistas B y 2 Finalistas C. De las 5 finalistas B “sangres libres” tres eran cerradas sangre Gallinal (chalecos 7, 33 y 77), y una cerrada origen Grasso (chaleco 68). Poco que agregar sobre las bondades de resistencia, rusticidad y poder de recuperación de nuestras viejas sangres orientales.

Por supuesto que corren muchas yeguas “puras” sangre Invernada, pero también las hay cruzadas con los más diversos orígenes. Ejemplo de una combinación probada y que anda casi siempre, las líneas de Xingú y Halcón con madres Cargando a Fondo u otras líneas origen Gallinal. De las cuatro finalistas A de mayores, tenemos una cerrada en genética Invernada y tres media sangre La Invernada con algún chorro de otras líneas uruguayas con líneas argentinas y/o chilenas. En menores, las tres Finalistas A resultaron ser media sangre, todas con líneas de arriba de la Invernada sobre yeguas cruzadas con otras líneas uruguayas, argentinas o chilenas.

 Sobre los tipos de yeguas corriendo, vemos una caballada bastante pareja, con las siluetas clásicas que vemos en las moras y rosillas de La Invernada. Un tipo “deportivo” de incuestionables resultados en la cancha, pero a la hora de evaluar su morfología…digamos que por lo menos es discutible, a pesar del ángel que tienen esas moras.

Entrando en el terreno de los gustos personales, me reconforta haber visto yeguas que anduvieron en la punta, de sangres clásicas marcheras y probadamente buenas, “diferentes” en cuanto a su estructura y morfología. Entre las finalistas A, particularmente me gustaron la yegua tordilla de Gustavo Souza (Premio al Sello Racial) y la baya de Diego de Brum. Ambas yeguas de lindas siluetas, buena estructura, grupas correctas. ¡Y por supuesto, “andan”!   

No saco conclusiones apuradas sobre la preparación ideal para correr la marcha. Pero sí quiero compartir que vi yeguas con un estado “de exposición” en la largada, que en un principio creí que estaban pasadas de gordas para esta prueba. Lo que puedo decir, la mayoría de estas yeguas gordas, fueron las que mejor llegaron a las etapas finales. Evidentemente los responsables de estas yeguas las movieron siempre gordas. Creo que esto hace la diferencia. La exigencia de esta prueba requiere esa fuente adicional de energía…al menos yo aprendí para mí que en lo sucesivo llevaré mis yeguas con bastante más que un estado atlético y liviano…

Terminando estas palabras, una mención al compañerismo entre los jinetes y acompañantes, al clima que vivimos durante toda la marcha. Es claro que hay por lo menos dos grupos al interior de la marcha, y se van orejeando a lo largo de las primeras etapas. Están aquellos que tienen objetivos y ambiciones claros de ganar y andar en la punta, y el lote mayoritario que se da por cumplido completando esta prueba de suprema exigencia. Sin embargo, en ningún momento la competencia sobrepasa las fronteras del compañerismo. Se corre y se trata de ganar en la calle, pero en la churrasqueada, al almuerzo y en la cena, los jinetes y acompañantes conviven con amistad alrededor de Nuestra Raza. Por lo menos en mi caso, puedo repasar mentalmente varias amistades que llegaron para quedarse, gracias a la Marcha.

Y, si Dios quiere…

¡Nos topamos en Salto 2015!