Fuente: Roberto Dowdall –Argentina

Extraordinario pensamiento y reflexiones de don Roberto Dowdall. 

De 1954 al 2014, han pasado 60 años, que cantidad de tiempo y ha sucedido exactamente lo presentido por don Roberto, la selección extrema del caballo chileno siguió mejorando.

 

A partir de 1974 a través de ejemplares como Condorito, Paleta, Zagal, y cientos más exportados a Argentina; Aniversario, Hornero y otros cientos más exportados a Brasil y Uruguay, causaron la “revolución funcional del criollo rioplatense y riograndense”, y debido al mejoramiento de sus manadas criollas y “crioulas” y deseo de sus criadores de mejorar su funcionalidad, se creó la prueba máxima actual que es el “Freno de Oro” en Brasil, que ahora está presente en todos los países FICCC.

También don Roberto Dowdall, menciona al año 1942 en que participa Chile, como el nacimiento de FICCC.                                                                                                                      

En 1958 se publica en Anuario de los Criadores de Chile un artículo llamado “Caballos de Abolengo”, escrito don Roberto Dowdall, connotado criador y técnico Argentino, y cuya temática es de gran trascendencia y de plena vigencia. Es la certera observación de una persona idónea y de gran prestigio en el mundo criollista americano.

Extracto de dicho artículo, escrito en 1954:

“Creo firmemente que la vieja cepa del caballo español, de la época de la Conquista, aun cuando pueda suponérsele de origen poligenético, en el lapso transcurrido desde su trasplante al medio americano, plasmó en él, definitivamente no una simple variedad americana de aquel caballo, sino una verdadera raza, la Criolla, con características propias, morfológicas y funcionalmente bien diferenciada de otras  razas del mundo.

Las diferencias ambientales del vasto escenario americano, pudieron determinar la formación dentro de ella de algunas variedades locales y cuando a esto se sumó la acción del hombre, manteniendo sólo determinadas castas funcionalmente diferenciadas entre sí, pudieron resultar sub-razas.

Esto es lo que indudablemente ocurrió en Perú, con la actual sub-raza “Costeña”, cuya diferencia con nuestro criollo es tan neta y evidente que no necesita de mayor comentario.

Es también lo que pudo ocurrir en Chile, si se hubiesen mantenido hasta nuestro días las viejas castas de lujo o paseo, los aquí otrora famosos “braceadores chilenos”. Pero el Registro Chileno sólo recogió y preservó el tipo de caballo más útil y mejor conformado para el trabajo de campo, análogo en conformación y aptitudes al nuestro.

Desde luego el medio ambiente distinto al de nuestras “pampas”, pudo orientar la selección de la raza hacia un determinado tipo, pero aquella valorada en sus características generales y en su origen, sigue siendo la misma.

Esto precisamente ocurrió  también dentro del territorio argentino.

G. C. Musters (Ingles) lo hizo notar  con respecto a las caballadas “tehuelches” y “pampas”.   Ángel Cabrera (Argentino) también llamó la atención sobre algo parecido en el noroeste Argentino,  pero sobre estas pequeñas diferencias existe una unidad racial, que exaltada por el trabajo selectivo de todos los criadores de América, hacen que no sea utópico pensar, para un  futuro no lejano, una verdadera Raza Criolla de America, la del “pequeño caballo de América”, como lo llamó una vez don Guillermo Echenique (Brasil).

Y siguiendo este pensamiento, veamos a hora cual es el panorama actual, y cuáles pueden ser las diferencias más notables. 

Limitémonos por el momento, nuestra observación a los cuatro países  geográficamente más próximos y que ya tiene constituidas Sociedades o Asociaciones de Criadores de Caballos Criollos: Chile, Uruguay, Brasil y Argentina.

Entre estos cuatro territorios hubo indudablemente “trasiego de caballadas” desde la época de la conquista hasta nuestro días.

Es en Chile donde, evidentemente, mayor tradición tiene la cría. El caballo, desde los primeros tiempos se cuidó y selecciono mucho más que en los otros tres países. La selección funcional, el conocimiento de las genealogías, el amansamiento de los reproductores, y su utilización en los trabajos de campo, hizo que el caballo chileno resultara un animal genealógicamente y funcionalmente mucho más controlado que los nuestros.

Comparativamente, resultó así mucho mas “domestico” que éstos, viviendo un mayor contacto, desde potrillo con el hombre, que vigilaba su desarrollo, controlaba su carácter, llegando a poder garantir en base a un conocimiento casi completo de sus condiciones y también de las de un número considerable de sus antepasados, sus cualidades de futuro reproductor de motores animales, útiles s y fácilmente manejables en este medio ambiente.          

Resulta así, un caballo de “abolengo” y en ese sentido ofrece grandes ventajas sobre sus compañeros de raza, justificando que sean sus criadores “celosos guardianes” de esa condición.

La selección inteligentemente dirigida por muchos de los grandes cultores, que la Raza tiene y ha tenido desde antiguo en Chile, pudo haber fijado en el “caballo chileno caracteres especiales” de belleza zootécnica y también en ciertos casos “convencional”, que indudablemente le imprimieron su sello característico. Pero un análisis detenido de los buenos ejemplares exhibidos nos confirma siempre la existencia en ellos, de las condiciones raciales básicas del caballo criollo.

En la Argentina también en una primera y corta época de iniciación de la Conquista y Colonia, como ocurrió en otros territorios americanos, el caballo tuvo forzosamente, en razón de su escasez, que ser cuidado y mimado al igual que el chileno.

Pero pronto el número se multiplicó extraordinariamente y la facilidad de encontrar sustento y desplazarse a su albedrío, hizo que su crianza se descuidara, se tornó arisco y cerril, muchos se alzaban y reproducían en libertad, se hicieron silvestres, constituyendo pronto las grandes “bagualadas” de que nos habla la historia. Aun, los domésticos que se criaban en las grandes estancias o semi-domésticos de la región llana de Argentina, eran ariscos y difíciles de manejar, viviendo en constante terror del hombre. Las manadas “caían” a lo sumo una vez por año al corral, y entonces se divertía el gauchaje, pialando yeguas y potros para cerdear, capar o jinetear “por una gustada”.

Poca atención se prestaba a la selección de reproductores. Los padrillos se elegían algunas pocas veces por su “pinta” o aspecto, pero los mas, simplemente por la vistosidad o fantasía de su pelo y jamás conocieron galpón y cepillo. Las hembras nunca se domaban a no ser para “madrinas”.

En esa época de los campos abiertos la selección del yeguarizo “domestico” era casi igual a la de sus congéneres alzados, es decir la selección natural de simple supervivencia de los más aptos. 

Se plasmaron así castas de extraordinarias condiciones de rusticidad y fortaleza, de gran salud de miembros, pero a veces carentes de belleza estética o aun zootécnica y que a menudo ofrecían desagradables sorpresas en lo que a carácter y docilidad de refiere.

La abundancia de caballos y las notables condiciones de”jinetes” de los gauchos y paisanos, determinaron que ese aspecto continuara descuidado, descuido que en algunos casos ha llegado hasta nuestros días.

Parecidas consideración caben con respecto a Uruguay y Brasil-.Río Grande do Sul

“Con todo y pese a la actual preocupación de todos los criadores, no parece haberse llegado en ningún caso a la prolijidad  y continuidad de selección que acusa el chileno.

Aquí la tradición sobre determinadas castas es moderna; en Chile vemos que las referencias concretas sobre muchos reproductores jefes de familia se remontan a más de 100 años.

Es aquí donde posiblemente reside la mayor diferenciación entre el “fina sangre chileno”  y el criollo rioplatense; la mayor continuidad y más antigüedad en la selección funcional en una y mayor rusticidad en otros. Y son precisamente esta diferencias las que llevan a considerar que la unificación total del Registro de la Raza Criolla, pueda ser un hecho positivamente provechoso para la propia raza”.

“Los criadores chilenos se resisten como celosos guardianes de tradiciones de sus “viejas castas de fina sangre”, a permitir el ingreso de criollos de menor jerarquía genealógica y menos control funcional”. 

“Algunos criadores rioplatenses y riograndenses creen ver en el “fina sangre chileno” una adaptación deportiva distinta a la utilizable en el caballo de campo en esos países, aun reconociendo sus condiciones temen que haya perdido su guapeza y rusticidad”.

“Chile es el primero en iniciar el movimiento de Recuperación de la Raza, abriendo sus registro en 1893, y manteniéndola celosamente cerrada”.

“Argentina los abrió en 1918 y se fundó la Asociación de Criadores en 1923;  la ABCCC Brasil  en 1932; la Sociedad  Criadores de Caballos Criollos de Uruguay en 1941 y la Asociación de Criadores de Caballares de Chile en 1946”.  

“En 1939 se reglamentó la Unificación de Registros con Uruguay y Brasil”.

“En Octubre de 1942 en amable tertulia en el hall de la Granja Silvana, se planearon las bases de la Primera Reunión Preparatoria que habría de realizarse más tarde el 5 de mayo de 1943 en la ciudad de Montevideo que suscribieron don Miguel Letelier de Chile, don Diego Arteaga de Uruguay, don Guillermo Echenique por Brasil, y Mr. Robert Denhardt por Estados Unidos y don Roberto Dowdall por Argentina”.

“Hoy los criadores chilenos, uruguayos, brasileños y argentinos están en condiciones, a poco se lo propongan de llegar a un perfecto entendimiento en materia de criollos”.

 “Las reuniones Interamericanas se iniciaron en el año 1942.”