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Raúl Cáceres Urtubia, un señor de las medialunas.

Por Arturo Montory G.

 

Raúl Cáceres, más conocido como “Don Raucha” en su zona de Teno y Curicó, un “Señor del Rodeo”, como siempre fue reconocido.

Tranquilo, afable, muy cariñoso, muy controlado, jamás se exaltaba, ni se emocionaba en exceso, no frio pero muy seguro de sí mismo, hablaba poco solo si se le preguntaba, poco conversador sino se sentía en un ambiente conocido, apreciado donde iba, lo que permitió que dejara una gran huella y gran recuerdo de su persona.

 

Sus últimos años en Chimbarongo dejaron una linda huella en él, se sentía feliz rodeado de amigos, con los que se reunía a menudo, además trabajaba caballos hasta el final de su larga existencia.

Hace dos años atrás durante la Semana de la Chilenidad se efectuó un lindísimo rodeo de los Campeones de Chile, el que fue ganado por Raúl Cáceres, y tenía a esa fecha 88 años, que prueba de resistencia, claridad y amor por este lindo deporte, y en una caballo “arreglado” íntegro por él.

Lo conocí desde los años 1965 y pude seguir toda su carrera en los corrales y aplaudir sus éxitos, que fueron muchos y también lo visite varias veces a su casa en Chimbarongo, donde me recibía con especial cariño, porque le hacía recordar tiempos de gloria.

Gran representante de la “Escuela Curicana”, Asociación que tenía la mejores colleras del país en los 1960 y 1970, más de 10 de ellas de tremenda calidad y la competencia era de un altísimo nivel deportivo.

“Don Raucha” fue un jinete elegante desde la vestimenta huasa hacia arriba, lucia lindos chamantos, aperos impecables, bonitos sombreros, los caballos se distinguían por su limpieza, gordura exacta, limpia por todos lados, con la gordura precisa, nunca flacos ni excedidos y muy bien “trabajados”.

Al piño se iba muy ´poco, solo cuando cuidaba un caballo nuevo y no quería hacerlo atajar, solo pasarlo, no le abrían el hocico, tampoco los espueleaba, a puras riendas, sudaban poco.

Hernán “Perico” Villalobos un gran admirador suyo me decía, “Raúl se les achica a los caballos”, o sea les alivianaba el lomo cuando corría, era muy especial aquello, se amontonaba arriba de la montura, pero con elegancia, nunca un caballo iba forzado en la cancha, liviano, y atajaba suave y controlado, a lo “curicano”.

Marcar y marcar, era su consigna.

Ese buen trato con los caballos hacia que vendiera muchos de sus caballos corriendo, se los iban a comprar y lo perseguían hasta lograrlo, lo vi muchas veces, él no los ofrecía.

No fue criador, compraba caballos ya terminados en su crianza, y poseía un “ojo” tremendo, no se equivocaba, siempre logró su objetivo con lo que tenía.

Con su yerno Guillermo “Memo” Barra formaron una gran collera, tanto que pelearon un Nacional en Rancagua.

Su abuelo venia de la costa de La Huerta, Mataquito, y tenía hermosos recuerdos de él y sus historias del 1879, su padre tenía caballos y ahí empezó a montar, y salían a rodeos locales.

Su padre y familia vivían en Romeral, era administrador del fundo de Samuel Velasco, caballero de Santiago que iba poco al campo y el padre de Raúl llevaba todo, y ahí criaba caballos, y en el mismo hacían un gran rodeo anual en Beneficio de la Parroquia, y a él llegaban a correr la familia López de Los Cristales, los Bustamante de Teno, los Carrasco de Lontué, los hermanos Hernán y Gerardo Rodríguez de Romeral arriba, y Antonio “Toño” Acevedo de Molina.

Luego fue contratado para administrar fundo de Antonio Acevedo y además correr con él.

Se agrega al equipo Sergio Bustamante aun muy joven y salían a correr los caballos del equipo, cuando el patrón no podía.

Por esos años el gran maestro era don “Jecho” Regalado Bustamante de Teno, muy amigo de “Toño” Acevedo y éste consigue que le enseñe a Raúl todo sobre los caballos chilenos, su manejo y “arreglo”, de lo cual era un reconocido “maestro”.

Raúl asimiló con creces esas sabias enseñanzas y lo recuerda y reconoce siempre.

Época de Manuel, Bartolo, Oscar, Julio, Clemente, todos hermanos.

Fue muy amigo de Oscarito y corrió con todos ellos en ocasiones.

Ya más profesional comenzó corriendo con Hugo Cardemil Moraga,

y lo hizo por tres temporadas asistiendo al Nacional de Valdivia y a Rancagua.

Por esa época corría Pablo “Perico” Quera con Oscar Bustamante, (compraron en sociedad el Indio en Santa Elba y lo corrían) y dejaron de hacerlo y “Perico” hablo con Raúl y se acolleraron.

Eso fue en 1968 y conformaron una de las mejores colleras de todos los tiempos, muy ganadores, don Raúl Pavez, secretario de la Federación del Rodeo y director, les puso de apodo “los hombres quietos”.

Cada uno corría sus caballos, en su primera temporada fueron 2° Campeones de Chile, en los caballos Chinganero y Barquillo.

Al año siguiente fueron Campeones en Nacional de Osorno en 1970, en los caballos, además llevan y premiaron a Forastero y Zorro, las yeguas Remolacha y Flotadora.

Recuerda que Pablo, nunca le dijo “Perico”, tenia de “arreglador” a Alejandro “Jano” Fuentes, que estuvo una vida con Don “Chanca” Urrutia y Segundo Tamayo.

Raúl había comprado el potrillo Forastero a Raúl Rey, lo amanso Laurencio Rojas y él lo trabajó, venia del criadero Huencuecho, y ya terminado fueron al rodeo de Maipú y empataron Serie de Potros con Raúl Rey, de ahí no se bajo mas del potro.

La collera de Quera y Cáceres corrió por 10 hermosos años, dejando una estela de señorío, caballerosidad y mérito para el deporte del rodeo, le dieron mucha prestancia a ser Campeones de Chile.

Hicieron un viaje de premio por el Caribe en un Crucero, cuyos comentarios de dicho Tour, contados por “Perico”, dio para muchos años de tertulia en Curicó.

Raúl compro e hizo al potro Jornalero, lo capó y fue un caballo excepcional de Fabián Lobos en Santiago, la Malagueña, el Pandillero, los dos extras, a Salteador III potro que capó, trabajó y trasformó en Campeón, la Taquilla que vendió a Pablo, que fueron Campeones de Chile con Malagueña en 1975.

Su amigo Ernesto Mery le mando 10 caballos en arreglo y allí venia el Limonero extra que fuera Tercero de Chile en Rancagua en collera con Salteador III montado por “Memo” Barra.

También llegó a Rancagua con Jack “Jano” Muñoz y Luis “Lucho” Sepúlveda.       

Vivió algunos años en Melipilla y corrió con José Armijo, época del Lindo Amigo.

Raúl crio al potro barroso Saleroso hijo de Malagueña y Barranco, un sangre azul.

Sus últimos 10 años los vivió muy feliz en Chimbarongo donde tuvo un montón de grandes amigos con los que compartía diariamente, y con los que tuve la suerte de conocer en su casa.

Se ha ido un grande en todo sentido, “Descanse en Paz” don Raúl Cáceres Urtubia, dejo una linda familia y hermoso recuerdo.