Piguchén y el legado de Samuel Parot G.

Por Arturo Montory G.

 

Estudiando a un gran criador:

Entrevistado luego de ser Campeón de Chile, Samuel Parot dijo en aquella oportunidad, abril 1977:

“Desde 1961, fecha de fundación de mi criadero, la más grande de todas y mi mayor orgullo es poder decir que Guariqueque y Desiderio son nacidos y criados en Piguchén.

 

Eso solo compensa con creces el sostenido esfuerzo a través de tantos años. Creo haber acertado en mi afán y constante preocupación por la selección de madres, guiado tanto por el origen de sus sangres, como por las cualidades morfológicas y aptitudes corraleras.

Tres puntos claves, que nunca dejo de tener presente.

Los resultados los considero óptimos. Por ejemplo Desiderio, por Huinca y Belicosa, ha heredado las condiciones y cualidades de sus progenitores. En su tiempo fueron grandes figuras de la medialuna.

Entre los mejores ejemplares que he tenido, puedo mencionar a Belicosa, que en manos de su propietario, el prestigioso criador talquino Ángel Caballero, se distinguió como extraordinaria madre.

Antes de pasar a poder mío había dado a ese gran reproductor de hoy, Nunca en Domingo.

¿El mejor caballo que estimo haber criado? Buen Amigo, desgraciadamente se malogró quedando ciego a los 10 años.

No podre olvidar el padre de Guariqueque, Guachipato. Uno de los potros más precoces de estos últimos tiempos. A los tres años lo llego a ocupar el Segundo lugar del ranking nacional. Mi inexperiencia de aquel entonces lo hizo sufrir una notable baja, al extremo de promover toda clase de comentarios. Lo menos que llego a decirse que de él, fue no sería más un caballo vaquero.

Logro recuperarse.

Con él llegue a Clasificarme Campeón en de rodeos en 1966, lo aleje del corral en 1968, y en 1969 fue Campeón de Chile.

Dio pocas crías pero todas ellas de grandes condiciones.

Hijos suyos son: Guariqueque, Doña Cote y Horquilla.

Lo vendí para reproductor.

La madre de Guariqueque, Clementina, fue de gran actuación corralera, campeona y clasificada en diversas oportunidades. Lo más destacado el champion de yeguas en Nacional y en final de rodeo UNCTAD III.

A los 10 años y estando en magnificas condiciones, decidí retirarla de toda competencia, destinándola exclusivamente a la reproducción.

Por último me referiré a Pitagua, hija de Longaviana, por lo tanto hermana de un verdadero jefe de Raza, Longaviano, base de la selecta caballada de Santiago Urrutia B. Mas una, viene en línea directa de Bayo León.

Es una de las poquísimas que proviene de tan magnifico raceador”.

¡Esa es la abuela de Guariqueque¡

Clementina N° 43825, por No me Toques y Pitagua dio en Piguchén a Guariqueque y Fabuloso en Guachipato; Ociosa, Perica y Que Chica en Ñipan; Raquelita y Testera en Guardián I; Solitario en Borracho.

Clementina en La Amanecida dio a Martingala en Morocho.      

Los criaderos Paicavi y Peleco, optaron también en esa misma época por la sangre de Longaviano-Quillacon, a través de la adquisición de las yeguas Comaire Lola y Rastra, ambas por Quillacon II y Bufita; Cascada por Gamo-Longaviano por parte de Paicavi; y Raptorcita por Quillacon II y Raptora por Longaviano; y Quillacon IV por Barranco y Mentita II por parte de Peleco.

Los resultados de criaderos Piguchén y Peleco son ampliamente reconocidos y estoy seguro que volver a reunir las sangres de estas familias caballares en una sola crianza, se transformaría en un gran éxito futuro.

Me explico, nietas de Piguchén Clementina cruzadas con Peleco Ronaldo, Peleco Romario, Peleco Muñeco, Paicavi Primor, por ejemplo, o hijas de estos potros o sus padres Paicavi Requinto y Peleco Quillacon con potros de origen familiar con la Clementina por línea materna.

 

Ejemplos actuales de lo propuesto:

El potro tordillo y muy bueno actual, Casas del Parque Firpo, hijo de Requinto en Coqueta por Escándalo hijo de Ociosa-Clementina, es un vivo ejemplo de lo que afirmo. Igualmente la yegua baya Peleco Ocurrencia hija de San José de Loa Refajo (Escándalo) y Paicavi Rision.        

Estoy seguro que si un criador actual desarrolla este esquema, en el futuro dará que hablar, sobre todo porque existen ejemplares destacadísimos de ambas ramas. La lejanía en la época de la Pitagua, Comaire Lola, Rastra, Raptorcita hasta llegar a Bayo León es casi la misma de los caballos actuales descendientes de ellas, o sea la misma cantidad de generaciones.

Recomiendo esta alternativa a criadores chicos o que quieran recién empezar, de pocas yeguas, no más de 4 para de esa manera dedicarse plenamente a sus crías, y darles desde su inicio la mejor crianza, y educación, solo así se manifiestan los verdaderos genes y cualidades especiales, en una masa de 40 o más yeguas de cría y 40 a 50 potrillos esa observación queda totalmente minimizada o anulada.

Le pregunte muchas veces a don Ramón Cardemil M. a qué edad descubría él a un campeón y su respuesta fue siempre la misma, “a los pocos meses de edad del potrillo (a) y al pie de su madre”, solo observando su comportamiento y relación con el medio y los obstáculos que se le ofrecen y como los resuelve.

Luego viene la amansa y posterior “arreglo” a la chilena, que solo es exitoso si se sigue “paso a paso” su completo desarrollo, estando su criador y propietario encima, siempre, para detectar bondades y vicios de sus ejemplares que debe mejorar con genética y manejo, fin que se logra con pocos ejemplares, sino “probamos y desechamos”, así de fácil, eso no es lo que hicieron los grandes criadores en el pasado, “observación y cuidado”, no hay otra regla.

Así lo hicieron Adolfo Luco, Estanislao Anguita, Edmundo Moller, Cesar Rozas, Rodolfo Bustos, Alberto Araya, Alberto Schwalm, Ramón Cardemil, Samuel Parot, Emilio Lafontaine.

Y debo decir que por mi experiencia personal, las técnicas modernas extranjeras de manejo de un “caballo en trabajo”, de nada sirven para lo nuestro, es ínfimamente superior lo que “arregladores” chilenos han creado y diseñado en la “equitación huasa” a través de 400 años.

Esta manera de enfocar la crianza, ha hecho del caballo chileno, único en el mundo. Cercanía y cariño a cada ejemplar, lo que heredamos de los jinetes berebere de hace 500 años, creadores del Adiestramiento, Movimiento a la Rienda y Crianza Cercana a cada ejemplar hoy llamada Doma Racional, y lo más notable, su predilección a la selección y preferencia por las madres. En los oasis la crianza debe haber sido muy escasa, por lo cual la selección debió ser optima.

“Un vientre es un cofre de oro”, afirmaban y así quedó escrito, y lo confirman los criaderos más arriba mencionados, que empezaron y llegaron al éxito con dos a tres yeguas, nada más.

Aunque se disponga de un Jefe de Raza, los hijos de las madres más destacadas serán sus sucesores.

 

 

 

Nota:

Una anécdota muy personal.

En aquellos años por el 1968 Jorge Lasserre L. le compró la Pitagua a Samuel Parot para crias en su criadero Trongol, éste lleno de grandes yeguas, pero lamentablemente la yegua nunca parió, y le pusieron el Quillacon II, que era de Jorge por esa época, y por esa razón me la prestó para correrla, lo que hice en rodeos de Cañete y Arauco, ya la Pitagua hacía varios años que no corría, así que solo la aliviane porque era “maestra”.

En un rodeo de Arauco en la serie de yeguas estaba dentro del apiñadero haciendo collera con mi compadre Hernán Eyheramendy, montados en Pitagua y Mezquina, y les toca a la puerta a Samuel Parot y Santiago Urrutia, que montaban a Candileja y Perniciosa, y al verme Samuel en la yegua, dice fuerte “uy, en las manos que esta mi yegua”, lo que provoco una carcajada general.

Nos conocíamos porque veníamos de Curicó y corríamos en Talca algunas veces y además ellos iban siempre a Arauco.            

Nunca imaginé la trascendencia que la mulata tendría en el tiempo.

En ese mismo tiempo con mi compadre ya famoso y conocido como “El Gordo de Comalle” soñábamos en tener un gran criadero, escuchando a todos estos próceres, y fuimos a comprarle la Raptora a don Ángel Caballero a Colín, llegamos, nos mostro la yegua que estaba suelta con el alazán Nunca en Domingo, era fea y vieja aun mas, pero ya lo sabíamos y le manifestamos nuestra intención, nos contestó “simpáticos los cabritos, vamos a tomar té mejor”, y así lo hicimos, no hubo respuesta, y quedamos grandes amigos para siempre, pero nos volvimos sin yegua.

Cuando supieron los viejos corraleros de Curicó y Talca, esta aventura nuestra, se reían de lo lindo, por lo “patudos” y por la fama de ligero de genio de don Ángel. Y han pasado 50 años.