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Criadero La Sexta de Longavi de Cesar Rozas U.,
1900-1950.         

Por Arturo Montory G

Desde que me inicie en los caballos chilenos escuche y leí en revistas antiguas sobre los preciosos caballos del criadero La Sexta de Longavi de don Cesar Rozas U., pero jamás apareció un reportaje ni tampoco una entrevista de él, solo los avisos publicitarios del criadero y por supuesto los muchísimos premios ganados por sus ejemplares en las Exposiciones de la Quinta Normal.   

Para muchos entendidos el criador que más bonitos caballos ha  producido en la historia.

Pero a él solo le gustaba que sus caballos los Movieran en Rienda, no le gusto nunca el rodeo por ello su nombre no quedó tan entrelazado a la historia, igual que la crianza de El Durazno de Francisco Encina A.

 

Fue un criador de verdad, zootecnista, genealogista, entregaba alimentación excelsa a sus animales, amante en extremo de la belleza completa de un caballo, compartida entre morfología y cualidades morales de Silla de Patrón.

Si sus caballos hubiesen existido por los años 1980 en adelante cuando se fueron muchos ejemplares exportados del país, no tengo duda alguna que ninguno de los premiados de la Sexta de Longavi habría quedado en Chile se los habrían llevado todos.

Cesar Rozas Urrutia nació en Linares en 1895, hijo de Ramón Rozas y Malbina Urrutia. Se caso con Irene Urzua.    

Conversamos con un familiar descendiente, Cesar Rozas Rivera, hijo de Cesar Rozas Urzua y nieto del fundador del criadero Cesar Rozas Urrutia.

 

El criadero.

 ¿Cual es tu relación con el famoso criadero antiguo La Sexta de Longavi?

Yo estuve en mis primeros años de vida en el campo de Longaví. Pero mi padre le administraba al abuelo César Rozas Urrutia las precordilleras, el fundo Latiguillo para ser exacto.

Así mis primeras vivencias del criadero fueron cuando mi abuelo entregó la administración de La Sexta al papá allá por los 1950, debo haber tenido unos 7 años. En ese tiempo los empleados todavía comentaban la hazaña en la Prueba de Rienda de la Vadiadora y de otros caballos que habían ganado muchos premios en estampa.

En La Sexta comencé a adquirir el hábito de levantarme temprano e ir a mirar los potros a sus pesebreras. Me iba de pesebrera en pesebrera, observaba y luego conversábamos con papá sobre virtudes y defectos. Siendo tan niño, no falto una vez en que algún potro al ver la puerta entreabierta y un obstáculo menor, que era yo muy chico, arremetió y se arrancó. Los empleados rabiaban mucho cuando me pasaba eso. Así fueron mis primeros aprendizajes de caballos. Antes ya había montado pero sin fijarme en nada, me gustaba solo que el caballo agarrara galope y que fuera fácil pararlo.

 

¿Estuviste presente en exposiciones acompañando a tu padre?

Muchas veces cuando llegaba Octubre en la antigua Exposición organizada por la S.N.A. en la Quinta Normal. A mí me encantaba ir a ver caballos y a sentir olor a campo, Era un anticipo del retorno veraniego al paraíso longaviano de La Sexta.

 

¿Que caballos conociste de su crianza?

Recuerdo que mi papá reclamaba por la presentación de los caballos con una gordura exagerada la que, según él, no dejaba ver las formas verdaderas. Siempre hacía esa crítica a los caballos presentados por don Tito Echeñique.

Conocí a la Vadiadora solitaria y vieja pastando en el potrero 7 de La Sexta. Un año, de vuelta al campo por vacaciones, me dio mucha pena cuando me contaron que la Vadiadora había muerto en el invierno.

Conocí a Convenio hijo de Enchufe, ese caballo era muy dócil y sus hijos tenían un hocico privilegiado, como buen Cristal cuya sangre la tenía por padre y madre. Conocí al Concho adquirido por el abuelo a don Tobías Labbé, a Lucano que era un potro negro tapado de gran cuerpo con ascendencia Cristal por padre y madre también, a Cinturón que era un caballo comprado, ese caballo era colorado oscuro, de gran musculatura, tenía un pecho impresionante y sus hijos eran valientes y de muy buena rienda.

A Arrestado hijo de Cinturón, un alazán cariblanco muy bonito. Ninguno de los reproductores nombrados los conocí actuando ni en rienda ni en rodeos. Tal vez en alguna exposición en la Quinta Normal con premios de estampa.

Recuerdo a muchos. Algunos de mi montura y que alcancé a correr. Como el Huaso, hijo de Convenio. Me acomodaba mucho ese caballo, tenía un hocico excelente, era tan fácil para correrlo que parecía que uno no montaba, parecía ir en un vehículo con dirección hidráulica. Lo corrí con guatana en collera con Chamantero que corría el Nene Bustamante. Chamantero era nieto de Quebrado por padre y nieto de Lucano por la madre. Siempre mi padre mantuvo la línea Cristal. Hasta que tuvo miedo porque se repetía mucho la sangre y compró el Justiciero a don Manuel Canales, caballo que fue campeón de rodeo.

Ese potro no dio nada bueno en el criadero, creo que mi papá buscaba a Batro que era su bisabuelo. Yo lo corrí y prácticamente con ese caballo me metí por primera vez a la medialuna. Justiciero era un muy buen caballo de rodeo pero como reproductor no sirvió.

Gran recuerdo tengo de Amalgama nieta de Lucano y Cinturón, una yegua que arregló un Segundo Guerra de cierta edad, un maestro del hocico a quien conocí en donde don Manuel Canales. Recuerdo también por esos años y con ciertas dudas, porque otra vez metía a Cristal, adquirió mi papá a Escándalo a Las Camelias.

Recuerdo ese remate en donde se le hizo un homenaje a Pichanguero. El Escándalo tenía tres años y ese caballo también lo alcancé a correr. Era empeñoso y de buena rienda pero le faltaba velocidad.

 

¿Era un criador muy exigente, que era lo que buscaba en sus caballos?

Tanto mi padre como mi abuelo buscaban gran estampa. Ambos buscaban un caballo equilibrado, compensado y armonioso como una sinfonía.

El abuelo tuvo varios arregladores hasta que “logró lo que logró” con Don Manuel Faúndez en la época en que la Rienda fue más importante que el Rodeo. Yo conocí el criadero sin arreglador. Los machos sin atributos para estampa no se inscribían y servían en los fundos Latiguillo y La Sexta como piareros. Sólo las potrancas y los potros se inscribían.

Mi padre se fijaba mucho en la genealogía, era muy cuidadoso con las sangres y le preocupaba mucho la consanguinidad del caballo chileno. Tanto mi abuelo como mi padre fueron grandes estetas. Buscaban la belleza por sobre todo. Tanto en los caballos como en los aperos, en la arquitectura de sus casas, en los amoblados etc. Gozaban con lo bello, apreciaban desde un paisaje a una ópera y en sus vidas estuvieron siempre buscándola con prolijidad. Cualquier cosa de mal gusto los espantaba y encontraban increíble que muchos no notaran grandes defectos estéticos tanto en caballos como en general en todo. Eran intuitivos por naturaleza en ese aspecto y de una exigencia extrema.

 

 ¿Era conocido por criar campeones de exposiciones, era así?

Sí, así era.

 

¿También le gustaba el "caballo de patrón"? de buena rienda y marcha, manso y dócil, y su arreglador fue el famoso llamado "huaso bonito" Manuel Faundez, por la excelencia de sus aperos y vestimenta de huaso.

Sí. Y conociéndolos creo que a don Manuel Faúndez lo tomó mi abuelo por sus virtudes como arreglador, pero no creo que hubiera excluido en su elección la estampa física del “Huaso bonito”. Lo poco que viví junto a mi abuelo y lo mucho que viví con mi padre me dice que ellos buscaban la belleza hispana en los rostros y en las almas. La valentía, la austeridad, el señorío y la elegancia española los embelesaba. En todo lo que hacían se notaba esa caballerosidad, esa independencia, ese sello individual auténtico y elegante. Hasta en los tiempos más malos fueron así, estoicos y dignos.

Es increíble pero en sus caballos se notaba y es por eso que algunos siguen esa línea hasta hoy, tiempos en que esas cosas se han ido perdiendo.

 

 ¿No le gustaba el rodeo?

 No, ni a mi padre ni al abuelo. En tiempos del abuelo el interés por la Rienda se puede decir que superó al rodeo. Yo creo que lo que no les gustaba el post rodeo. No les gustaba la farra, los alardes con algún traguito en el cuerpo, los abrazos superficiales motivados por el alcohol o el interés no los soportaban. Todo el énfasis lo ponían en la genealogía para buscar formas y hocico. Mi papá decía que un caballo bien formado y de buen hocico tenía que ser bueno para el rodeo sí o sí. Y no dejaba de tener razón.

 

¿El Enchufe fue su mejor reproductor?

Me da la impresión que sí. El Enchufe, que lo compró en los inicios del criadero a don Adolfo Luco, fue el reproductor que le infundió el carácter al criadero.

Mi abuelo y mi padre soñaron siempre con Cristal. Mi padre hizo imbreeding buscando al antiguo Cristal. En esos ensayos genéticos y en un par de ejemplares se le pasó la mano. Recuerdo un par de potrancas que salieron albinas y no pudieron inscribirse por esa razón. Eran preciosas pero demasiado “cristalinas”, tanto que no veían.

 

¿Como era el sistema de crianza de sus caballos?

El sistema era muy sencillo y muy de campo. Los potrillos elegidos por estampa y genealogía para reproductores entraban a pesebrera después del destete. Los machos reproductores con buen tiempo se soltaban a un potrerillo de un par de hectáreas, se les daba avena remojada y se les cortaba trébol cuando había de ese pasto.

Para preparación a exposiciones se compraba un poco de alfalfa para darles junto a la avena. Mi padre decía que los caballos necesitaban no solo leguminosas en su dieta, decía que eran fundamentales las gramíneas y esa función la cumplía los pastos en el potrerillo que generalmente estaban con una empastada de ovillo.

 

 ¿Como elegía las yeguas madres?

Todas las hembras se criaban a potrero y hasta los tres años se iban a veranear a las cordilleras junto con todos los potrones capados. Volvían muy gordos y con una musculatura y un desarrollo que no adquirían en el valle central.

Hicimos varias pruebas con caballos que no iban a las veranadas y se quedaban muy atrás en desarrollo respecto a los que iban. En la cordillera la caballada tenía pastos tiernos como trébol blanco y mallín en las vegas y los “colgaos” pero también yo la vi muchas veces comiendo coirón, mascaban solo la espiga, espiga por espiga. Por eso creo que papá no dejaba de tener razón cuando decía lo de las gramíneas. En el fondo comían grano.

Las yeguas madres las elegía por morfología y genética.

La asignación de potros la pensaba mucho. Había veces que tenía todo decidido y al otro día, pensando con la almohada, cambiaba de parecer. Me comentaba las razones y se notaba que le daba muchas vueltas antes de determinar las cruzas. Cuando veía algún reproductor que le interesaba fuera del criadero lo perseguía. Lo compraba o buscaba montas para sus yeguas.

 

¿El montaba en el campo y en que caballos?

Mi papá montaba en el campo el típico caballo de “montura de patrón”. Solo lo hacía para ver trabajos en los cultivos o planear alguna obra de destronque o regadío. El campo era extenso y se necesitaba andar a caballo inevitablemente. Le gustaba, pero él era un empresario agrícola hecho y derecho y no tenía mucho tiempo para distracciones. Su mayor tiempo para los caballos era en las determinaciones de cruzas, de ventas, de elección de reproductores. Pasaba días enteros mirando caballos que hacía tomar uno por uno, enjaquimar y pasear varias veces.

Recuerdo que yo me llegaba a latear. Tomaba notas y luego, hasta altas horas de la noche y a veces hasta la madrugada, en el escritorio estudiaba y pensaba. Mi mamá reclamaba contra esas largas horas de caballo en el escritorio. Eso lo hacía muy a menudo. Durante el verano, que era cuando yo lo veía más, al menos dos o tres veces y el cuento duraba una semana. Creo que era ahí en donde se distraía de las labores empresariales agrícolas que eran bastante pesadas.

 

 ¿La casa del campo en Longavi aun existe?

Sí, aún existe pero muy deteriorada. El Jardín, que fue famoso y que salió varias veces en reportajes de una revista cuyo nombre ya no recuerdo, está hecho tiras, solo queda las palmeras que han crecido mucho. Creo que una parte de la casa es escuela y la otra una posta de primeros auxilios.

Ese “caserón” me cautivaba, tenía como 40 departamentos, el típico patio con naranjos clausurados y dos corredores extensos, uno daba al oriente y el otro al poniente. Los techos eran altos y había dos galerías en donde invernaban los niños junto a una salamandra. Mi mamá en invierno palpaba el aire con las manos para ver si estaba buena la temperatura para darnos permiso para salir al corredor.

En la fotografía mi abuelo ya de edad con mi abuela Irene Urzúa, mis dos tías y yo en un autito de lata: Esa casa no era la típica casa colonial, fue construida allá por 1930, mi papá la habitó solo a los 12 años y mi padre era de 1921. Era una casa con carácter, con ese carácter Rozas que la hacía única. Belleza, austeridad y elegancia eran sus características, aunque no era muy cómoda para pasar los inviernos. Mi mamá sufría mucho con la responsabilidad de ese caserón tan grande.

 

¿Tú heredaste esa vena criadora, donde la desarrollas?

Sí, yo heredé la veta criadora pero las circunstancias me alejaron de la crianza de caballos. Sin embargo permaneció en mí la creación.

Desde muy niño pinto acuarela y hago poesía bastante en serio, el campo y los caballos los tengo en el alma. Desde allí, desde el campo, desde una vida retirada “del mundanal ruido” van emergiendo mis versos con sabor antiguo pero proyectándose a un futuro que rescate la tradición y junto a ella al cristianismo católico que nuestra sociedad ha ido abandonando en su esencia para dar paso a un agnosticismo pragmático y materialista.

Gracias a Dios estos últimos años he podido criar al menos unas pocas ovejas de las que vivimos mi mujer y dos hijos solteros con los que hemos iniciado este proyecto ovejero en Los Muermos, provincia de Llanquihue. Aquí vivimos en un campo muy rustico pero vivimos tranquilos construyendo esta pequeña empresa familiar. Este ambiente campesino permite desarrollar las vocaciones artísticas mías y de mi hijo mayor, César también.

No puedo dejar de agradecer al Señor haber nacido en el criadero La Sexta de Longaví. Todos los conocimientos zootécnicos y de morfología animal los aprendí desde niño, la intuición campesina y genealógica también la heredé y la heredaron mis hijos. Ahora la aplicamos a las ovejas y tratamos de buscar lo mismo que buscaba el abuelo en los caballos: armonía y estética. Ahí estamos haciendo varias cruzas en pos de un sello especial de belleza autentica y original.

 

 ¿Que amigos acampados de tu padre recuerdas?

Mi padre era muy selectivo con los amigos. Era un hombre de hogar 100%. Papá era de puertas abiertas, de gran de corazón pero era reservado con las amistades. Para él la familia era lo primero y lo último. Nosotros somos ocho hermanos, una familia grande por lo tanto muy demandante. Mi padre no era de amigos sin mi mamá. Nunca salía a esas típicas salidas con amigos.

Dentro de los criadores le tenía especial y gran aprecio a don Ricardo Ibáñez Letelier, siempre se acordaba de él con un cariño muy particular y varias veces lo vi compartir con don Ricardo en las antiguas exposiciones. Mi padre fue vecino de don Ricardo Letelier Pardo cuando estuvo en Longaví en fundo El Carmen, pero se juntaban muy poco con él, un par de veces en el río me acuerdo con las familias.

Con don Santiago “Chanca” Urrutia se decían “parientes” y se tenían especial estima y sin embargo mentiría si digo que eran amigos en el sentido estricto de la palabra. Así con muchos como don Pedro Juan Espinoza, don José Manuel Pozo, don José Manuel Aguirre Bustamante etc. Todos ellos fueron amigos pero nunca de gran intimidad.

Mi padre llegó a tener fama de “estirado” por ser así. Él no tenía nada de “estirado”, lo que le pasaba era que no le gustaba para nada ni las fiestas ni el alcohol y rehuía de toda aproximación a esas cosas.

 

¿Don Cesar heredó la crianza de su padre, lo recuerdas?

Creo que sí. Pero papá tuvo menos medios y aunque amaba con todo su ser al caballo chileno tuvo una familia numerosa que sacar adelante en tiempos de cambios sociales y económicos muy radicales. Papá no pudo hacer más que lo que hizo. Si hubiera hecho más con los caballos habría sido un irresponsable con su familia, cosa que para él fue siempre primordial.

 

¿Que opinas del caballo chileno actual?

Uf, me cuesta decirlo. Yo no fui ni como el abuelo ni como el papá. Yo alcancé a tomarle el gusto a la medialuna pero luego de la Reforma Agraria tuvimos que irnos de La Sexta a Latiguillo. Latiguillo era un campo de cerros andinos muy a tras mano lo que me hizo usar el caballo obligatoriamente. Pero en los cerros la vida era dura, los talajes escasos, la musculatura de los caballos se desarrollaba para subir y bajar cuestas muy empinadas y la manera de montar era muy distinta a la de campos de plan. Todo esto me alejó de la medialuna aunque siempre me gustaban los caballos de buen hocico y cuando podía los movía en rienda. Sumado a eso mi inclinación intelectual me hizo alejar totalmente del rodeo y me hizo valorizar la vida del arriero con todos sus sacrificios y alegrías.

Así me hice un poeta montañés y comencé a ser muy crítico con el rodeo. En resumen percibí que el rodeo se alejaba de la vida de campo real. Cuando volví a ver un rodeo por TV y vi arreando por dentro, vi todos los animales encanchados para poder llegar a la atajada sin el caballo derecho no me gustó nada.

Para qué decir lo que me molesta hoy cuando veo a abogados, dentistas, comerciantes, distintos profesionales dándoselas de “acampaos y” haciendo un deporte que ya poco y nada tiene que ver con la vida campesina, un deporte repleto de reglamentos y en un ambiente muy poco autentico. No me gustan para nada eso que llamábamos en el viejo Longaví “huasos quimbas”. Yo no sabía lo que significaba “quimba” e investigué. “Quimba” en América se dice del movimiento garboso al caminar, es decir de algo más afectado que lo natural con el fin de provocar resultados en el espectador.

Me gusta el caballo mucho todavía, me duele que se esté convirtiendo en un caballo de circo lo que fue un caballo campero. Me molestan las chupallas con casco interior. Me gusto que se exportara nuestra raza a Brasil, Uruguay y a Argentina. Allá quizás podrá nuestro caballo vivir un exilio parecido al hogar de antaño.

 

¿Sabias que la huella del criadero aun está muy presente en el caballo actual?

No, no sabía. Ha sido una sorpresa que se acuerden del criadero todavía.

Algo muy potente se debe haber consolidado en esa Sexta del siglo pasado. A mi modesto entender mis antepasados retomaron la España del Cid en América con sus caballos fuertes, mansos, dóciles pero de gran movimiento, bellos, agiles.

También con sus vidas honorables, austeras y su ética intachable. Mi esfuerzo es no manchar su recuerdo y continuar, con o sin caballos, ese camino de rectitud y belleza.

 

 

Herencia actual de caballos de La Sexta de Longavi.

-Calamar N° 2760, antepasado paterno de Pitagua.

-Hondura N° 4119, madre de Arrestada y Bajador.

-Zueca N° 5463, madre de Apio, Cuartana y Llantén.

-Arquería N° 10663 madre de la Jefe de Familia Talavera.

-Berlina N° 11465 es Jefe de Familia.

-Enchufe II N° 4638 es antepasado del Inocente.

-Vadiadora N 5129 es madre de Moscobada.

-Convenio N° 7239 padre de Huaso y Maulero.

-Pierrot N° 6896 gran padre en criadero La Invernada.

-Bajador N° 11449 padre de Modesta

-Apio N° 10620 padre de Apiao.

-Maulero N° 27016 bisabuela materna de Curanto.

 

En los dos Tomos de “Reproductores de Pura Raza Chilena” podrán apreciar en detalle la inmensa producción, premios y legado de este insigne criadero.