Peleco y su linda trayectoria.

por Arturo Montory G.

 

En el Clasificatorio de Frutillar el día viernes, conversando con Hugo Navarro A. que venía saliendo del picadero luego de galopar a su yagua Milonga, le conté de hechos muy trascendentes sobre los caballos actuales y ligados a su familia.

Su bisabuelo materno, el fantástico jinete aculeguano Rodolfo Urbina que corría por el corral de Darío Pavez G., era el jinete del coipo Picurrio (Quebrado) que daba espectáculo en cada actuación en la década del 1940, y formaron un “conjunto” inolvidable para la afición. Entre ellos estaba Hernán Anguita Gajardo, que lo seguía rodeo a rodeo y se maravillaba con sus actuaciones, por lo cual su sueño fue alguna vez tener un hijo de este portentoso potro.

 

Por otro lado su sobrino Emilio “Milo” Lafontaine P. que después lo acompañaban junto a Rolando Montory L. y Jorge Lasserre L. a ver rodeos, se admiraron del Contagio de Las Camelias hijo del gran Cosaco, por lo cual “Milo” compró hijas de este potro y comenzó su criadero Peleco con las yeguas Incrédula y Patagüina.

Incrédula con Guardián I dio a Casillera madre de Atento que dio a Contulmo padre del campeón Caballero.

Patagüina con Guardián I dio a Mocosita que con Picaporte dio a Picardía madre de Raptora que dio al campeón Romario.

Grandes admiradores de la línea Bayo León, supieron del bayo Roncador hijo de Andrajo por Zancadilla-Batro, y “Milo” lo compro en 1960 en el criadero El Quinto de Víctor Piel H. en Lanco, donde vivía y “arreglaba” Ernesto Loayza, y conversando con Juan Carlos en Frutillar me contaba que él de niño vio allá al Guardián I, que fue en parte de pago por el Roncador.    

Retomando la historia, Rubén Valdebenito Fuica de joven vivió en Chiloé y vio correr un caballo que le llamó mucho la atención por su sello racial y calidad vaquera llamado Ñipiando y le contó esto a sus grandes amigos cañetinos Hernán Anguita y “Milo” Lafontaine, que con esta información se fue al sur y compró el caballo.

Al estudiar su línea de sangre descubrieron al Picaporte y Hernán Anguita se recordó del Picurrio y también conocía del “Contri”, línea de su madre de la crianza de Pedro Juan Espinoza por lo cual empezó la búsqueda del Picaporte. Alberto Lacoste G. que vivía en zona de lago Ranco les conto que el potro lo tenían los Hermanos Vázquez Soriano en Osorno e hizo el contacto.

Ellos cobraron de precio por el potro solo “tres días de conversa de caballos” con Hernán Anguita G. pero en su criadero San Francisco, lo que se cumplió cabalmente y éste fue a Osorno y “en media” con “Milo” compraron el reproductor para criadero Paicavi y Peleco, lo que comenzó años atrás con la admiración del conjunto de Rodolfo Urbina en Picurrio.

Años después “Milo” fue padrino de bautizo de Gustavo y se convirtieron en compadres con Rubén.

Luego de la muerte de Emilio Lafontaine P., Rubén compro el criadero Peleco, donde venían varias yeguas hijas de Picaporte, y los potros Morcacho hijo de Maruja y Quillacon hijo de Raptorcita por Quillacon II.

A esos caballos les agregó más sangre Inocente (Enchufe) que venía con la Maruja de Peleco, y reforzó a través del Paicavi Requinto y ahondó más la línea Longaviano-Quillacon con yaguas de Paicavi, la Rudera, Risión y otras.  A la Casillera le puso el Inocente y dio al Atento padre de Contulmo.

Compro Rubén un hijo del Taco, el Picarquin Taconeo y la yegua Santa Isabel Estupenda, gran vaquera y madre.

Así Rubén con gran sacrificio y trabajo fue construyendo su criadero, peldaño a peldaño, mientras su hijo Gustavo crecía y aprendía y ahora convertido en el jinete número uno del país y ya se agrega con éxito y calidad su hermano Claudio “Panchaco”.

Muy bien su compañero de corrales desde niños, Felipe Garcés.

Aun queda mucho que decir de este equipo.